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La máquina del tiempo
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"Las altas instancias de la justicia son hoy de mayoría conservadora. Un logro del PP al que el PSOE no se opuso pensando en su estrategia a medio plazo"
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Iker Merodio
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Una estrategia de propaganda muy sencilla que todos los partidos políticos y medios de comunicación llevan a cabo es la que los americanos, tan dados a poner nombres llamativos, llaman "obsolescencia planificada". Su funcionamiento consiste en ir trabajando la imagen del político que sustituirá a la cabeza del partido en cuestión. Por lo general es una tarea lenta, episódica, cuidada, casi artesanal y tremendamente interesante para los estudios de comunicación.
No obstante, éste es casi el único atisbo de planificación a medio plazo que se puede apreciar en la política española. Del largo plazo, ni rastro. Y en contra de lo que pudiera parecer, no es tanto el riesgo que hay que asumir para obtener unos resultados extraordinarios.
Se pueden encontrar ejemplos en una de las democracias más antiguas de Europa: ¿cuánto tiempo lleva esperando Gordon Brown, futuro sustituto de Tony Blair, para ponerse al frente de los laboristas? El tiempo necesario. Y han pasado incluso unas elecciones que el actual primer ministro ganó con problemas asumibles. Sus partidarios supieron calcular el plazo que iba a requerir preparar a un candidato que posibilitase un continuismo progresista, pues el ministro británico de finanzas no estaba capacitado, en la última elección de Blair, ni para ser prime minister, ni líder de la oposición (opción posible si se presentaba Brown).
Algo parecido intentó hacer el PSOE cuando midió las opciones del actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en una legislatura (la actual que, según esos cálculos debía haberla pasado en la oposición) y media (la anterior, de la crítica constructiva). Para minimizar el riesgo de la estrategia, se pueden activar mecanismos como la afirmación del entonces candidato de que sólo sería presidente si ganaba las elecciones, de que no aceptaría su envestidura mientras la lista más votada fuera la del Partido Popular.
Sólo el 11-M pudo hacer que el cálculo de los tiempos se viniera abajo. Después de tres años, parece claro que si, aquel día, Atocha no se hubiera convertido en lo que es hoy, actualmente estaríamos en un panorama político y mediático de asedio constante a un Gobierno en minoría presidido por Mariano Rajoy.
¿Los temas? Los que están garantizados: vivienda, seguridad ciudadana, terrorismo, inestabilidad laboral o alianzas exteriores. Pero la presión mediática hubiera ido en sentido contrario a la actual y, muy posiblemente, en unas formas diferentes a la agresividad que muestran hoy los "populares". En el Congreso de los Diputados, el resto de partidos seguirían siendo peones en el aislamiento al Partido Popular.
Para argumentar esta hipótesis es necesario referirse al poder judicial. Todos las altas instancias de la magistratura son hoy de mayoría conservadora. Un logro del Partido Popular al que el PSOE no se opuso pensando en esa estrategia a medio plazo, pues la renovación de una parte de sus miembros va a coincidir con el final de la presente legislatura. Si José Luis Rodríguez Zapatero, en la oposición, hubiera conseguido una mayoría progresista en estas instituciones, se aseguraría una presidencia (siempre que derrotara a un Mariano Rajoy acosado) con el favor del poder judicial, evitándose sentencias y procesamientos que no le han favorecido.
Pero el plan hubo de revisarse tras ascender al poder. Por un lado, se empeñó en mantener una política exterior para la que no tenía peso (ni la alianza de civilizaciones ni el rescatado eje franco-alemán han tenido continuidad), una interior para la que le faltaba dominio de la situación (de las reformas estatutarias sólo ha obtenido desgaste dentro de su propio partido), y en iniciar un proceso de resolución de conflicto de doble vía para el que tenía más ganas que capacitación.
Por otro lado, ha sabido adaptarse a las circunstancias y volver a manejar los tiempos. Así, la posible legalización de Batasuna si ETA no hubiera matado a Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate estaba dilatándose hasta las puertas de las elecciones municipales, asestando otro golpe al PNV que le debilitara en localidades tan disputadas como las de margen izquierda. El mismo motivo por el que vota en contra de las iniciativas de ilegalización de EHAK que plantea el PP.
En el otro extremo, Mariano Rajoy es el ejemplo de la política a salto de mata, de planes a corto plazo que prenden y se consumen como una cerilla. De asedio por temas a quien ocupa el cargo que él quiere ostentar. Las encuestas dicen que el partido se acerca, pero el líder se distancia. Esto es poco relevante en unas municipales que el PP planteará como una cuestión de siglas más que de alcaldes, pero en unas generales es jugar con fuego, mantener la última cerilla entre los dedos demasiado tiempo.
El filósofo Jean-Jacques Rousseau, uno de los autores que inspiraron la revolución francesa, opinaba que "la más grande, la más importante, la más útil regla de la educación no es ganar tiempo, sino perderlo". Su manejo acertado, además, es lo que destapa a los buenos estrategas.
Iker Merodio es experto en comunicación de conflicto |
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