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Idolatría programada
Los obispos españoles se llenan la boca pregonando que Dios es amor pero, a la vez, en la única cadena de radio que es de su titularidad dan la dirección de su programa de hora punta a Jiménez Losantos, cuyo principal ídolo diario al que levanta culto es al ídolo de barro del odio, revestido con las galas del insulto y la mentira. ¿Cómo se puede digerir este pestilente plato único salido de una de las cocinas más eminentes del Estado? ¿Cómo se puede cometer un error tan escandaloso, señores obispos? ¿Dónde han mandado de vacaciones tan largas al Espíritu Santo, que debería iluminarles, que debería proteger su celosa tarea divulgadora el mensaje evangélico? Comprendo, en parte, la actitud reacia a admitir una asignatura de Educación para la Ciudadanía, a unos señores que siguen permitiendo esta burla diaria a una parte tan grande de la ciudadanía. A unos señores que empujan a este examen de mala conciencia diario.
Javier Quintano Ibarrondo. Elizondo
Maltrato infantil
Recientemente hemos visto un reportaje escalofriante sobre malos tratos en una guardería. Me pregunto por qué esa guardería ha seguido abierta, hasta que los padres, después de ver por televisión cómo hacían comer vomito a sus hijos les ha sacado. Todo esto ratifica mi convencimiento de que los niños no tienen derechos. Están indefensos, para ellos no existe juicio, ni juzgado ni abogados, ni fiscales. Un hombre da una bofetada a su mujer en plena calle, eso se llama violencia de genero, y automáticamente alguien llamaría al departamento competente para denunciarlo; un hombre (o una mujer) da una bofetada a un anciano en la calle, eso se llama agresión y ocurriría lo mismo que en el caso anterior, y si una mujer (o un hombre) da una bofetada en plena calle a su hijo? ¿Cómo se llama eso? Muchos dicen que educación. Imaginemos que el hombre que da una bofetada a su mujer dice que lo hace para educarla. En esta sociedad están socialmente admitido los "abusos" a los menores. Tengo el mismo respeto por los niños que con el resto de personas, y si mi marido no quiere pescado no se me ocurre darle un azote, ni amenazarle, ni por supuesto abrirle la boca a la fuerza y metérselo, porque aunque nos empeñemos en negarlo los niños son personas, aunque muchas veces se les trate como extraterrestres.
Sandra Cepeda Estrada. Cantabria
Falta de humanidad
Quisiera transmitir la gran indignación e impotencia por la manera en que murió mi madre en el Hospital de Cruces el pasado 13 de febrero. El día 11 ingresó en la unidad de Nefrología afectada por un infarto en los riñones y con un cuadro clínico muy grave. Al día siguiente, el médico nos informó de que ya no se podía hacer nada por ella dada su avanzada edad (80 años) y que el desenlace podría ser en las próximas horas. A partir de ese momento se vuelve "paciente terminal" por lo que debía ser trasladada de planta a una habitación, lo cual no sucede, sorprendentemente, por falta de camas. En Nefrología hay horario restringido de visitas, limitado a una hora por la mañana y otra por la tarde, pero dada la especial situación, y puesto que ella no debía estar ahí, el turno de tarde hace la vista gorda y nos permiten estar con ella sin pegas. Cuando llega la noche, decidimos quedarnos con ella y con el cambio de personal empiezan a ponernos trabas, obligándonos a abandonar la sala donde sólo se encontraba mi madre. Tras discutir y negociar largo rato, conseguimos que nos dejaran pasar a verla a ratos, dejando bien claro que en caso de empeoramiento nos avisarían. Pues no fue así, mi madre murió sola, a pesar de estar su familia, contra su voluntad, en una sala cercana, por la falta de humanidad y sensibilidad de las personas que trabajaban en ese momento, que además, no cumplieron su palabra. ¿Tan difícil es entender lo importante que es para una hija agarrar la mano de su madre mientras está agonizando y acompañarla en su muerte? Lo paradójico es que una vez fallecida ya no "molestábamos" y nos pudimos quedar con ella todo lo que quisimos.
Julia Abascal Lanza. Loiu
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