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Aspecto del Pabellón de Cristal donde se celebraba la Feria Ficaar, que estuvo lleno durante todo el sábado. Fotos Javi Atxa |
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TELEVISIÓN
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Respaldo masivo del público a la feria ficaar
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todo lo imaginable vinculado al mundo de la caza ha podido encontrarse en ficaar, la feria madrileña que registró una masiva afluencia de público interesado
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Javier Atxa Arrizabalaga
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La capital madrileña abrió el pasado fin de semana la época de ferias 2007 con la novena edición de la Feria Internacional de la Caza y las Armas, FICAAR, que, a falta de confirmación de números oficiales, registró por momentos el cartel de ‘‘completo’’ para acceder a sus dos plantas que ocupaban doce mil metros cuadrados de exposición. Más de doscientas cincuenta organizaciones procedentes de una treintena de países colapsaron las largas hileras de estands del Pabellón de Cristal en la Casa de Campo madrileña.
Y es que en la mañana del sábado pasado, tras sortear las infinitas obras que bloquean Madrid en su parte sur, y lograr llegar a la Casa de Campo, una impresionante cola superior a las mil personas iba accediendo al Pabellón de Cristal mientras más personas nutrían sin cesar el final de la extensa fila. Y ya en la primera planta, la primera visión, entre el montón de gente, eran los estands de la promotora firma de coches Jeep, además de los puestos de las firmas Excopesa y Borchers. Un prometedor comienzo, sin duda, antes de apreciar que para esta edición habían ‘‘crecido’’ literalmente dos pasillos nuevos para dar cabida a todos los expositores presentes.
En Ficaar se podía encontrar de todo; por ejemplo, posibilidades de contratar caza en cualquier parte del mundo. Además de en la Península Ibérica o en todos los lugares pensables de Europa, una mención especial para los países más alejados del ‘‘este’’: Polonia, Bulgaria, Hungría, Letonia, Serbia… a través de completos programas de caza, tanto mayor o menor. También para realizar safaris en África (Namibia, Botswana, Sudáfrica, Zimbawe, Camerún, Senegal), Sudamérica (Argentina, principalmente) o Norteamérica (Canadá y Estados Unidos), sin olvidarse de otros destinos variados y varipopintos, como Nueva Zelanda, Turquía, Mongolia o Tadjikistán, entre otros. Eso sí, para bolsillos muy generosos dentro de este mundo.
Para el resto, desde tiradas de patos u ojeos en tierras castellanas hasta la sociedad soriana de San Saturio, entidad siempre dispuesta a ampliar su capital humano en su extensa red de acotados.
Reclamos y casetas
Entre medias, todos los artefactos y complementos imaginables o por imaginar. Desde reclamos mecánicos de aves, a un puesto de espera para caza mayor remolcable con el coche y que porta una caseta metálica de varios metros cuadrados que se puede ‘‘subir’’ hasta los seis metros de altura. Armerías siempre de moda, como la de San Huberto o la Española, hacían sus ventas entre la cada vez más espesa masa humana, mientras el resto paseaba por los expositores probando lentes (Zeiss, Bushnell, Swarovski…) catando embutidos y quesos, visitando los puestos de diversos medios de comunicación, algunas exposiciones de animales naturalizados y, con merecido punto y aparte propio, la visión de los numerosos vídeos de caza y la captura incesante de piezas de caza mayor. Grandes jabalíes y cérvidos espectaculares caían uno tras otro, imagen tras imagen seguida, en vídeos que alguien debiera de prohibir por sus impúdicas imágenes. Y es que la caza, con mayúsculas, es mucho más que eso. Aunque la verdad, soñar también es bien barato… y más en una feria de estas proporciones. |
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