DEIA
Registro | Conectar
ULTIMA HORA EDICIÓN IMPRESA SUPLEMENTOS ESPECIALES CANALES SERVICIOS
10-03-2007
Herrialdeak Gizartea Iritzia Politika Mundua Ekonomia Kirolak D2 Begira Telebista Azkena
Naila coge de la mano a su hermano pequeño en la comunidad la Libertadad en una de las orillas del Amazonas colombiano. Fotos Sandra Atutxa
MÁS INFORMACIÓN
El mar verde del Amazonas
DE PORTADA
Miradas inocentes EN LA SELVA AMAZÓNICA
Bogotá: un paraÍso escondido
CARTELERA DE CINE
Todas las películas
TELEVISIÓN
Etb 1
Etb 2
A3
Tele 5
Tve 1
La 2
Cuatro
La 6
CB
Canal+
ETBsat
Telebilbao
Tele 7
Miradas inocentes EN LA SELVA AMAZÓNICA
La selva colombiana esconde, además de una gran diversidad de fauna y flora, lugares mágicos habitados por tribus indígenas que se asoman TÍMIDAMENTE desde la orilla del caudaloso E InMENSO río
Sandra Atutxa
En la Isla de los Micos habitan los monos fraile.

Las familias salen todas las mañanas a pescar al Amazonas.

Mujer ticuna que habita en la Isla de los Micos.

El Victoria Regia, la planta acuática más grande del mundo, en el Amazonas.

Naila tiene cinco años. Vive junto a sus padres y su tres hermanos en la Comunidad la Libertad, una de las pocas tribus indígenas que aún se conservan en una de las orillas del Amazonas colombiano. Sin luz y sin agua potable, la niña juega rodeada de osos perezosos, pájaros, culebras y monitos inquietos. No tiene bicicleta, ni muñecas, ni juegos electrónicos...

Lo que le gusta a Naila es acompañar a su padre cuando éste sale a pescar en una pequeña barca. La niña indígena de ojos oscuros, tez tostada y pelo negro, camina descalza entre barrizales, nada como un pez en el río y se sube a lo árboles para coger los frutos con los que se alimenta. Fue ella, la que junto a su hermano y amigos, nos recibía en nuestra llegada en lancha al poblado. Mi viaje al Amazonas me regaló en esa orilla la mirada más inocente de la selva más salvaje que he tenido el privilegio de conocer.

Pero no fue lo único que me cautivó. Dicen que hay lugares en el mundo que al menos hay que visitarlos una vez en la vida. Amazonas es de esos sitios que se quedan guardados en la memoria para siempre.

Cierro los ojos y recuerdo las dimensiones del río, los grandes árboles, los riachuelos, las comunidades que se asoman tímidamente en las orillas, y los sonidos, los sonidos de la selva que me despertaban por las mañanas. Todavía percibo el olor de la abundante vegetación que adorna de un mar verde kilómetros y kilómetros de tierra, donde habitan indígenas ticunas, yaguas, cocamas y huitotos, dedicados a la pesca y al cultivo de frutas y vegetales.

Nuestro periplo por la selva amazónica comenzaba en Bogotá. Un avión de la aerolínea Aerorrepública nos trasladaba hasta Leticia, capital del Amazonas. Tras hora y cuarenta minutos llegábamos al puerto de acceso a la rica región selvática colombiana. Un lugar lejos de todo, pero a la vez cerca de Brasil y Perú. Leticia está unida al resto del país principalmente por vía área, pero también se puede llegar a través del río durante varios días de navegación.

En nuestra llegada a la calurosa y húmeda sala de equipaje nos recibían con frutos, bebidas típicas de la zona y con las melodías caribeñas interpretadas por la policía turística de Leticia. Una imagen poco común que reconozco sorprendió a los que participábamos en el viaje al Amazonas. ‘‘Bienvenidos al Amazonas’’, decía por el micrófono uno de los agentes antes de arrancar a cantar.

En Leticia se hace muy pronto de noche. Las calles están sin asfaltar y sólo hay un semáforo para regular el tráfico en la ciudad de las motos. «Acá, las motos no son un lujo, sino una necesidad», dejaron caer algunos lugareños.

Cuando se es turista es mejor ir al muelle turístico donde se encuentra la línea imaginaria que divide el trapecio amazónico en tres países: Colombia, Brasil y Perú, y pactar viajes hacia lugares conocidos, pero no por eso menos encantadores.

Puerto de Leticia

En el puerto de la capital del Amazonas el ritmo es desenfrenado desde muy temprano. Es el punto de encuentro para el negocio. Los niños esperan junto a sus madres poder vender maíz, pollos, fruta o variados pescados.

Una vez allí tomamos una lancha rápida capitaneada por Malaquías con la que nos sumergimos en la inmensidad del río Amazonas. Al salir de Leticia en la zona de las tres fronteras, la lancha viajó hacía el oeste, río arriba. En época de lluvias, el agua del gran río aparece lleno de troncos y de plantas acuáticas. En las orillas comienzan a aparecer las comunidades. En algunos estanques internos se encuentran la Victoria Regia, enormes hojas redondas, que pueden soportar el peso de un niño pequeño.

Realizamos una parada en la isla de los Micos, donde la vegetación es espesa y mojada. En respuesta a los silbidos de los humanos, los monos fraile comenzaron a descender con gran agilidad de los enormes árboles para hacerse con los frutos que les ofrecíamos.

En el recorrido en la embarcación se deslumbran riachuelos o afluentes de menor dimensión. La selva esconde sorpresas inesperadas, como el ruido de millares de pájaros, o el sendero oculto de las comunidades indígenas que habitan en la más recóndita de las selvas. Otro atractivo lo constituye la comida nativa basada en el pescado, que se prepara en variadas formas: frito, guisado, en sancocho y en caldos. Va acompañado de farina, harina de yuca que constituye la dieta indígena.

Pero la orilla que definitivamente se debe explorar es la que el río Amazonas configura cuando une sus aguas con las del río Amacayacu, ‘‘Río de las Hamacas’’, en lengua nativa. Allí se encuentra el Parque Nacional Amacayacu, con sus malocas, sus estaciones biológicas, sus senderos fluviales que se recorren en kayac y permiten hacer recorridos nocturnos en busca de caimanes y salidas a islas vírgenes.

Río arriba se encuentra Puerto Nariño, conocido como el pesebre del Amazonas. Un pueblo donde no hay calles y, salvo una ambulancia y un pequeño camión de la basura, no hay vehículos a motor. A partir de las doce de la noche cortan la luz y la selva que rodea al pueblo la engulle en una impenetrable, pero a la vez mágica oscuridad que convierte el pequeño pueblo en aún más misterioso.

Al igual que la mayoría de los lugares de esta parte del río, en Puerto Nariño impera la economía de subsistencia. Cada familia produce para su propia alimentación y tienen tierras monte adentro, o en la isla de enfrente, y además salen a pescar todas las mañanas. El dinero se utiliza para comprar farinha y arroz, o refrescos y cerveza.

Recuerdo la llegada a Puerto Nariño y el calor sofocante. Al atardecer, el sol rasga Puerto Nariño y sus paisajes amazónicos. A veces, una brisa fresca ayuda a vivir. El edificio más grande es el hotel La Selva donde pasé la noche. La dueña del hotel con amabilidad me acompañó hasta la habitación. Cuando abrió la puerta aquella habitación en medio de la selva me reservaba una sorpresa. Recostado en la almohada un gran insecto con grandes patas que descansaba plácidamente. «Señora, le da la bienvenida, lo siento», me dijo la dueña del hotel. «No se preocupe, estamos en la selva, le respondí». Es la vida en la selva, pensé.

Delfines rosados

Muy cerca de Puerto Nariño se encuentra el lago Tarapoto, situado en el cauce del río del mismo nombre a la que fuimos al día siguiente. Una reserva natural donde no habita casi nadie. El agua aquí es de color negro. A este lugar se acercan los pescadores con sus pequeñas lanchas para pescar los pirarucú, o para agarrar pirañas, «que se comen bien tostadas, como si fueran galletas, para ignorar sus espinas», nos contaba el joven encargado de llevarlos a través del misterioso lago en unas pequeñas barcas llamadas ‘‘pete pete’’. Nadie dijo nada. Nadie de los que íbamos en la embarcación quiso romper el silencio que imperaba. En el fondo, ninguno de los que estábamos en la pequeña barca se atrevió a hacerlo. Una eterna paz. Un exquisita sensación de libertad nos arrastró hasta la profundidad del lago que nos reservaba un espectáculo especial.

El Lago Tarapoto es una de las principales guaridas de los delfines del Amazonas. Los más pequeños son grises, y los más grandes, son de piel rosada: Son únicos en el mundo. Pudimos ver cómo jugaban, pero es casi imposible captar su imagen. Tuvimos que conformarnos con contemplar sus juegos y piruetas en el lago amazónico.

La vuelta a Leticia es rápida, aunque la aprovechamos para detenernos en algunas de las comunidades de indígenas que habitan en las orillas del Amazonas. En sus pequeños pueblecitos, los lugareños acogen a los turistas con amabilidad y muestran los objetos de artesanía de corteza de árbol, los adornos de semillas y plumas y las mochilas de cabuya.

En el recorrido tuvimos la oportunidad de ver el hotel flotante que el grupo Aviatur ha construido en medio de la selva. Un alojamiento para ocho personas, cuyo alquiler completo cuesta 540 euros y que se desplaza por el río a diez kilómetros a la hora. Una manera diferente de disfrutar de la naturaleza. El cielo estaba gris. A veces arrecian las lluvias, que se pueden ver cuando se aproximan como si fueran una pared neblinosa. Pero tiene que llover a mares para alterar ese río, o para subir más de 10 metros en pocas semanas. El regreso fue silencioso. Todos sabíamos que si la lluvia no lo impedía, al día siguiente partiríamos para Bogotá. Mi aventura en el Amazonas tocaba a su fin, pero mi mente continúa oxigenándose en el pulmón del mundo.
PROMOCIONES  
HAURRENTZAKO ZINEMA
DEIAk haurrentzako DVD bilduma berria auzkezten dizu, fantasiaz beteriko hamar kontakizun.
PORTÁTIL AIRIS
Sólo con DEIA este portátil a 0€ adquiriendo 36 meses de conexión a internet 3G.
EMOCIÓNATE CON KARAJAN
DEIA te ofrece una edición especial con los conciertos más emblemáticos de Karajan.
TU COFFEE SHOP EN CASA
Consigue con DEIA esta fantástica cafetera y saborea deliciosos espressos.
Más promociones...
Acerca de Deia Suscríbase al periódico DEIA Promociones Publicidad Contacto Mapa web Añadir a favoritos
© Editorial Iparraguirre  |  Aviso Legal  |  Privacidad
Enlaces recomendados: Peluquerías | Pintores | Muebles de cocina | Casa rural | Apartahoteles | Informática | Pisos e imbobiliarias | Tiendas de deportes | Hogar y reformas | Electrodomésticos | Concesionarios | Traducción | Farmacias | Floristerías | Agencias de viaje | Psicólogos | Hoteles en Navarra | Piscinas | Seguros | Abogados | Trabajo | Hoteles en Madrid | Hoteles en Barcelona | Hosting |