Según varios artículos aparecidos en la prensa estadounidense, la maduración del mercado de gestión de activos que se ha producido en EE.UU. y el correspondiente aumento de la competencia generada dibuja una ecuación desconocida hasta ahora que tiene un resultado que puede llegar a ser perverso para el cliente: los fondos de pensiones privados que se venden a clientes minoristas empiezan a copiar el estilo de riesgo de los grandes inversores institucionales. Todo con tal de conseguir la punta de rentabilidad necesaria para diferenciarse. Un propósito difícil cuando los productos son tan similares y el objetivo del cliente está concentrado en asegurarse una remuneración a largo plazo. Pero aún así, los valores liquidativos a medio y corto plazo también importan. O eso creen las principales gestoras que intentan abrirse paso en el mercado con estos productos.
La composición de los fondos de pensiones que se ofertan en EE.UU., y que llegarán a medio plazo a la UE, incluye, cada vez con más frecuencia, el rastro de las inversiones alternativas, desde las materias primas a los activos inmobiliarios, junto a estrategias de gestión que se acercan a la búsqueda de rentabilidades casi en el filo de la navaja, una característica básica de los hedge funds. En EE.UU., la inversión en fondos de pensiones privados cobra cada vez más importancia gracias a la proliferación de las cuentas 401 (k) que, en teoría, dejan decidir al titular la dirección de las inversiones. Según los datos de 2005, los planes de pensiones individuales, incluidas las cuentas 401(k) suponían un 43,9% de los 22,8 billones de dólares en activos que controla el sector. Para muchos expertos no resulta lógico que está inmensa cantidad de dinero, que representa 9 billones de dólares más que el PIB anual de EE.UU., se gestione con técnicas parecidas a las que sirven para mover los 1,2 billones de los hedge funds. |