«Todos sabíamos que algo no funcionaba bien con los fondos». Así reacciona Juan, antiguo miembro de la ONG Anesvad, ante lo ocurrido estos días. «Lo mejor que le podía haber pasado a Anesvad ha sido la detención de su presidente, la peor persona que he conocido en mi vida», asegura con un nombre ficticio, «por temor a las personas que rodean» a José Luis Gamarra, presidente de la ONG y detenido por el miércoles.
Como Juan, han reaccionado otras 25 personas que abandonaron la entidad humanitaria a lo largo de los últimos cinco años desde que se comprobara que otros dos directivos habían desviado fondos a cuentas propias. «Más de medio millón de euros entre dos personas que pensaron que con abandonar la ONG bastaba para acallar el delito», remarca Juan, con el recuerdo de esos días del año 2005. «Tan sólo el 30% de la plantilla plantamos cara: queríamos que se esclareciera lo sucedido. Sin embargo, hasta ahora nada se sabe de ese dinero».
«La plantilla fue conociendo poco a poco el robo, pero nadie del patronato daba explicaciones. Se pensaron que con su marcha solucionaban todo. Sin embargo, el presidente estaba realizando el mismo desvío de fondos que estas dos personas», acusa Juan, que con su marcha hace ya unos años buscó no ser cómplice de estos acontecimientos presuntamente delictivos.
«Un tirano»
«Lo más deleznable de esta persona es que se ha quedado con el dinero de personas mayores, con las herencias y sus legados. Todo aquello que personas han ahorrado durante sus vidas y con lo que buscaban solucionar las desigualdades que sufren los países en vías de desarrollo», señala. «Se han quedado con el dinero de personas muertas, con sus últimas voluntades», repite a la vez que muestra su sorpresa por la noticia. «Todos esperábamos una situación así, pero es toda una sorpresa. Lo que hay que dejar claro es que Anesvad trabaja de modo profesional, lo malo es su presidente».
«Los que teníamos cierta conciencia de cooperación nos hemos marchado. De ahí, la gran rotación de puestos que ha habido durante estos años. También es cierto que cuenta con grandes profesionales, no más de cinco, que se han quedado y han decidido plantarle cara desde dentro», apuntilla para salvar a todos aquellos compañeros que en la actualidad continúan en Anesvad y en los cargos directivos. «También, es cierto que muchos no se merecen mi respeto», expresa.
Entre los recuerdos de Juan sobresalía ayer una de las frases que más le gustaba repetir a Gamarra: «Esto es una tiranía, aquí el que manda soy yo». «Con las campañas de publicidad sucedía siempre lo mismo. Todos nos oponíamos. El 70% del área de Proyectos y la mayoría de los de Comunicación. Sin embargo, él tomaba la última decisión, que era emitir esas duras imágenes», ejemplifica.
Acaparaba todos los cargos
Para Juan, como para los 25 profesionales que a lo largo de estos años han abandonado la ONG, trabajar con José Luis Gamarra era «como discutir con un muro». «Por ley, el patronato de una fundación vela para que se mantengan los principios fundacionales y realice una auditoría de cada uno de sus movimientos. Sin embargo, Gamarra era el presidente de la fundación y director del patronato, algo completamente ilegal. Nadie velaba por el buen funcionamiento», remarca sobre una situación que acabó por convencerle para su marcha.
«No entiendo que ahora creen una junta rectora, eso fue lo que debían haber pedido en septiembre de 2005, cuando se comprobó que los dos miembros de la junta directiva habían robado medio millón de euros», continúa desencantado con la directiva.
Habladurías inciertas
De todos modos, los antiguos empleados de la entidad reconocen que no todos los rumores que existen sobre la entidad son ciertos. «Hay muchas habladurías que son falsas. Cuando viajábamos al terreno no nos alojábamos en hoteles de lujo, ni acudíamos a los mejores restaurantes. Yo he dormido en una tabla y no es una metáfora», remarca Juan.
Eso sí, reconoce también que cada vez que viajaba el presidente, José Luis Gamarra, las circunstancias cambiaban. «Cualquier gasto extraordinario se convertía en ordinario». Pero no todo ha sido lujo y ostentación. «Cuando realizamos el traslado de sede, justificado por el crecimiento de la plantilla y el volumen de proyectos, hubo una gran presión por parte de la plantilla para que fuera austera. Al final, se volvió a construir lo que él quiso», dice Juan en referencia al costoso inmueble de la calle Henao, en el Ensanche bilbaino.
Proyectos profesionales
Ahora Juan valora los acontecimientos con satisfacción. «Lo que ha sucedido puede convertirse en una buena ocasión para que Anesvad salga fortalecida. Los proyectos de cooperación que realiza están muy profesionalizados».
Por eso, considera que lo mejor que le ha podido pasar es que su presidente haya sido detenido. «Hay 160.000 socios a los que ha engañado. Ahora debe pedirles perdón, lo que hice yo cuando me marché», concluye.
|
Una opinión desde dentro
|
Socios«Les ha tomado el pelo, debe pedirles perdón»Presidente«Gamarra solía repetir: ‘‘Aquí mando yo, esto es una tiranía’’» Profesionales«El corrupto ha sido el presidente, el resto son unos profesionales»
|
|