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Desafío para el espectador
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exposición ‘‘lo mío’’, de iñaki imaz, en el gabinete abstracto de la sala rekalde de Bilbao
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Xabier Sáenz de Gorbea Bilbao
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‘‘El que manda aquí’’, de Iñaki Imaz.
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El profesor de la Facultad de Bellas Artes Iñaki Imaz propone un ‘‘disfrute turbio’’ para revivir la experiencia de ‘‘Lo Mío’’, título de su exposición en el Gabinete Abstracto de la sala Rekalde. Una muestra de ‘‘pintura contextual’’, donde los hechos pictóricos se acompañan de significativos objetos personales, como un coche, una mesa, una bola roja y otra blanca, un sofá, un tronco de árbol y ‘‘caballetes’’ para situar algunos cuadros de pie, en mitad del espacio. Asimismo, el artista guipuzcoano ha dispuesto la curiosa imagen de unos cerdos-jabalíes criados en su casa. Una fotografía que funciona a modo de extraña alegoría y nos sitúa entre lo raro y lo cercano. Los elementos son otros tantos detonantes connotativos, son como llaves que iluminan el ambiente del artista y propician la idea de un proceso en directa pulsión con lo común y con lo más extravagante de la realidad.
Lo que sirve al ser humano
Todo está en todo. La estrategia del pintor no elude la atención a lo más diverso. El ser humano se alimenta de lo próximo y de lo lejano. Asume no solo lo funcional de lo que le sirve en el día a día, sino también lo que le llama la atención y estimula el imaginario e incluso aquello que fomenta el conocimiento. Un camino por lo incierto de la conciencia que es extrapolable a la propia práctica. La mirada está hecha de empatías, de construcciones culturales y de azares indeterminados.
Toque de ironía
La exposición ‘‘Lo Mío’’ tiene un toque irónico que se traslada a una pintura en la que hay de todo, referentes abstractos y figurativos, pigmentos pictóricos, lineales dibujos y hasta un linóleo. El artista tanto aúna matices cromáticos que crean oscuras atmósferas sensibles, como dispone unos directos grafismos que no ocultan la procedencia del cómic o la ilustración. El resultado es desacogedor. Un desafío para el espectador que examina el desvarío de una práctica cuya reflexión se hace presente y al mismo tiempo muestra su complejidad y es complicado acceder a ella.
El artista no se da respiro, tiene sentido de humor, asume sus contradicciones y cree que la pintura tanto debe olvidarse de ser arte como articular un sentido a partir de su propia historia. Tal parece que,‘‘para dejar de ser invisible’’ en el debate artístico actual, sea preciso sacudirse el complejo, incentivar la idea de proceso y ofrecer el marco de una actividad en plena relación con lo más diverso de la experiencia cotidiana.
Proceso en marcha
La instalación celebra la convivencia y arroja claroscuros sobre los porqués de una práctica que se introduce en el marco híbrido de lo expandido. Quizá no sea poco; resulta extraño y harto didáctico. Muy buenas intenciones y grandes dosis de perplejidad. Una deriva que descompone los mitos de lo pictórico, que reniega de muchas cosas, pero que sirve para la continuidad. Un impulso al que le espera la deconstrucción de sí mismo.
‘‘Lo Mío’’ es un proceso en marcha, una obra abierta, un permanente e inconcluso ‘‘work in progress’’, la activación de una posibilidad. Un ambiente del que emerge una inagotable noción de viaje. La travesía se pone al descubierto. Está repleta de cambios. No pocos vericuetos, salidas, revelaciones y realidades.
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