|
|
|
Una renovada historia de jueces
|
|
"El juez británico puede ser una solución fresca y reconfortante a los males judiciales que asolan a la España de la monarquía actual"
|
 |
|
Jon Gurutz Olaskoaga
|
 |
De nuevo parece que el poder judicial se viste de protagonista en la tragicomedia que se representa en estos momentos en los escenarios políticos del reino de España. Unas breves reflexiones al respecto y una propuesta, que desde la ironía pesarosa aportamos a ese mundo. Son visibles y fáciles de comprobar las deficiencias que aquejan gravemente al sistema judicial español. La Administración de Justicia no sólo es el servicio público peor valorado por la ciudadanía, sino que también un importante número de jueces parecen dedicados a triunfar en un denodado concurso por realizar el auto o la sentencia más estrafalaria, alinearse, en cuanto a sus cúpulas, en el segmento más reaccionario de la cavernícola derecha o en crear continuamente conflictos, en vez de proponerse resolverlos. Sobran pruebas y testimonios al respecto. No parece necesario aludir a los papeles del reaccionario Foro de Ermua en los que participan algunos de nuestros ilustres magistrados. En estas horas de globalización, con la vista puesta en el universalismo propio de un pueblo vivo e inquieto, haciendo realidad la libertad de circulación de personas, bienes y mercancías, tan europea y tan recomendable, parece conveniente abandonar de una vez y para siempre provincianismos madrileños y dirigir la mirada a la ancha y venturosa Unión Europea; y hacerlo para encontrar adecuados remedios paliativos con los que hacer frente a una justicia tan ineficaz. Pues bien, en esta Europa nos encontramos con la élite de la judicatura, que es la británica. Jueces serios, reflexivos, reconocedores de los valores garantistas y debeladores de los excesos de los poderes públicos, propios de un País que desde Juan Sin Tierra se ha apuntado a un sistema de justicia plural, donde no es lo mismo Escocia que Inglaterra, y en el que por poner un ejemplo, la mera declaración del detenido ante la policía no será prueba suficiente para la imputación o el procesamiento y mucho menos para la condena; ejemplo resaltable por estos lares en los que un fantasioso informe policial puede llevar a la condena de colectivos enteros, sin más preocupaciones en buscar elementos probatorios. Parece llegado el momento de utilizando términos futbolísticos, fichar selectivamente jueces provenientes de esas islas, para enseñar a los naturales, y que resuelvan los asuntos bajo su dependencia procesal, con ecuanimidad, imparcialidad y sobre todo independencia. ¿Puede alguien negar que estando en Europa, no podamos echar mano de lo mejor de ella, precisamente en un sector como este, en el que no llegamos a mínimos de sostenibilidad? Sí lector, el juez británico puede ser una solución fresca y reconfortante a los males judiciales que asolan a la España de la monarquía actual. Naturalmente no se pretende llevar a cabo una discriminación con los jueces de la jurisdicción única española. Lo que como ciudadanos podemos y debemos exigir es que el nivel del juez propio tenga algún nivel de equiparación con los foráneos. Desde luego que acrediten no tener tendencias fóbicas contra las instituciones representativas, las señas de identidad y el ordenamiento que regula básicamente la convivencia en la Vasconia peninsular, incluso continental. Todo ello con respeto básicamente al CGPJ o a un ministro de Justicia, sucesor de aquél en perpetua búsqueda de nuevas imputaciones; o a las respetables asociaciones profesionales de la magistratura. Así pues que se arbitren las medidas necesarias que nos permitan salir de la segunda división. La ciudadanía podría recibir una alegría inmensa, visto lo existente, y el servicio público de la administración de justicia una mejoría tan evidente, tan contrastable, tan plenaria, que ni sus propios funcionarios la reconocerían, y sobre todo, todos los ciudadanos respiraríamos más tranquilos. Y además, y el añadido no es de recibo, sería más difícil, mucho más difícil, lo que el magistrado de la Audiencia Nacional, José Ricardo de Prada, ha denominado "la manipulación bestial del poder judicial en estos momentos …. y el papel determinante que han tenido algunos jueces en la ruptura del proceso de paz". Un juez británico no cedería fácilmente en tan arduas cuestiones.
Además de Jon Gurutz Olaskoaga firman este artículo Pedro Ibarra, Luis Bandrés y Baleren Bakaikoa, profesores de la UPV |
|