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Tierra a la vista
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Falta el buey
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Xabi Larrañaga
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HACE días celebramos el Día de la Mujer Trabajadora que, según tengo entendido, ya prescinde del adjetivo porque es superfluo: ellas laboran a jornada completa. Los políticos sacaron su rostro amable y ninguno soltó en la tele lo que en la barra alguno suelta sin reparo. Gracias a la presión social e institucional hoy nos chocan exabruptos que antaño eran dardos ordinarios. Juan Hormaechea, que fue semidiós de Cantabria, dijo que «la Tocino, si se va desnudando lentamente, no me sirve ni para masturbarme», lo cual refleja el carácter paleolítico del vecino. Por fortuna, los hábitos van a mejor. El ministro de Hacienda chileno Nicolás Eyzaguirre llamó en público a su amiga, la actual presidente Bachelet, con cariño y confianza «mi gordi». Se armó una gorda - perdón - y tuvo que disculparse confesando que era un resabio de machismo muy indebido. Y es que algunos muestran su lado Yoyas al descalificar a las políticas por su físico. En Arsénico por compasión, Priscilla Lane suplicaba ser querida por su inteligencia, a lo que Cary Grant replicaba con un escueto «cada cosa a su tiempo». A la mandamás de EA han llegado a tildarla de vaca culona con una escarola en la cabeza, y esa no es una forma civilizada de glosar su postura con respecto a los impuestos indirectos o el proceso de paz. Hace lustros Guillermo Galeote, diputado del PSOE, al conocer que Cristina Almeida viajaba a Irak en una delegación crítica con el gobierno, expresó así su respeto hacia la que más tarde cambiaría de chaqueta para hacerse socialista: «A esa gorda, en cuanto llegue a Bagdad, le van a poner un velo en la cara y se va a enterar». Javier Gurruchaga, el de la Orquesta Mondragón, vio el cartel electoral muy retocado de la fogosa abogada y le recordó a Pablo Milanés con la piel blanqueada de cal.Pero no se preocupen las féminas ofendidas ni las vacas de derechas por ser igualadas a las señoras de izquierdas. Es verdad que no conviene enamorarse bajo un eclipse total, pero también lo es que la báscula y el rijo sobran al describir a una gestora pública. Además, todo es mutable y discutible. El diseñador Karl Lagerfeld tachó a la modelo Claudia Schiffer de vaca alemana, así que ya ven a qué precio está el vacuno. Entre los hombres, los faltones mediáticos sólo se ríen del peinado de Anasagasti, un recurso barato, mohoso y hasta patético. ¿Por qué nadie se acuerda de la panza de Fraga, el pandero de Olabarria y la papada progresiva de Benegas?. Mucha vaca y ningún buey. Eso sí que es machismo. O todos o ninguna. |
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