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Ikurriñas, banderas rojiblancas y camisetas del Athletic. Uno de los sectores de Balaídos parecía San Mamés en uno de los días grandes. |
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Verbena bilbaina, romería céltica y el fútbol, de fiesta
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El millar de seguidores rojiblancos disfrutaron en los prolegómenos, sufrieron durante el encuentro y respiraron aliviados tras el pitido final
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Isabel Iriondo Vigo
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Muñiz Fernández El árbitro se dejó ver por Vigo tan engominado como siempre
Aficiones hermanadas Al final, los seguidores célticos aplaudieron a los rojiblancos
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TODO PARECíA inmejorable. El tiempo acompañaba. La estadística invitaba al optimismo. Los "Celtarras" son compañeros de viaje de "Herri Norte". La salida desde Bilbao, el pasado viernes, ya estaba en el olvido. Vigo se había portado durante el fin de semana. Marisco, pulpo, ribeiro y albariño. No faltaba de nada. Había que celebrar la fiesta por todo lo alto.
La parte vieja de Vigo acogió en la mañana de ayer a los incondicionales rojiblancos llegados de todos sitios. Los que habían salido de Bilbao, los privilegiados que viajaron en la expedición oficial compartiendo avión con jugadores, técnicos y directivos. Y a esos 600 se unieron también gallegos, asturianos y leoneses que tienen los colores rojiblancos grabados a fuego en el corazón.
El puerto vigués también dio cobijo a los más "intelectuales". Los que aprovecharon el viaje para hacer un poco de turismo y asomarse al Atlántico para contemplar las islas Cíes. Después, durante la comida en una de las múltiples marisquerías con terraza, los aficionados más privilegiados pudieron ver cómo Muñiz Fernández se paseaba por la zona de moda, tan engominado como cuando salta al campo para dirigir un encuentro.
Antes del inicio del encuentro, unos gaiteros amenizaban los prolegómenos al ritmo de "La Rianxeira", mientras las camisetas rojiblancas y las ikurriñas empezaban a pulular por los alrededores de Balaídos.
Dentro del estadio los cánticos arreciaron. El millar de seguidores rojiblancos se dejó sentir, pese a que los leones no estaban protagonizando una de sus mejores tardes de fútbol. Cuando Ángel batió la portería de Aranzubia los seguidores celestes exteriorizaron toda su alegría, mientras los más negros nubarrones se cernían sobre la parroquia bilbaina.
El descanso fue una tortura. Nadie podía creer lo que estaba viendo. El Athletic se había diluido y el Celta era el único que creaba un poco de peligro. El panorama cambió con la expulsión de Pablo García, cuando quedaba media hora por delante. Aduriz, que acabó lesionado, devolvió la esperanza al Athletic que tuvo su última oportunidad en el último segundo con un último remate de Sarriegi que el palo escupió cuando todo el mundo cantaba ya el gol.
Quizás no habría sido justo, pero ese tanto a buen seguro que habría convertido el largo viaje de vuelta de los seguidores rojiblancos en un paseo triunfal.
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| Los gaiteros amenizaron los prolegómenos en los alrededores de Balaídos. |
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| Los seguidores del Athletic inundaron de color toda la jornada en Vigo. |
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