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Juanma Garate espera volver a retomar los entrenamientos para preparar su máximo objetivo: el Giro de Italia. Nagore Iraola |
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Un escalador contra el reloj
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Garate se recupera a marchas forzadas de la rotura de radio que se produjo en el Algarve
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Alain Laiseka Hondarribia
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Es una paradoja de escalador; de pura cepa. Como su apellido: Juanma Garate Cepa (Irun, 1976). Un ascensor con label: maillot verde en el pasado Giro de Italia en el que también venció una etapa, en la cima de San Pellegrino. Un ciclista alado. Pero con sabor a sal. Cultivado a cero metros. A ras de mar. Primero en Irun, su cuna durante 30 años, y desde el pasado mes de agosto en Hondarribia. Siempre con la vista puesta en la Bahía de Txingudi. Un refugio resguardado de la bravura del Cantábrico que incluso cuenta con aeropuerto. Pero él no despega. Su paradoja más cruel. Las lesiones, que se suceden una tras otra, le lastran. Siempre corriendo para poder correr. «¿Dónde estás? -su voz suena al otro lado del teléfono-. Es para ver si me da tiempo a hacer un recado». Un escalador contrarreloj. Su sino. Guarda bien la cuenta de sus traspies. 1999: unas contracturas escondidas suponen el primer aviso en lesiones de rodilla. 2002: caída en la Vuelta a España en la que se lesiona la rodilla. 2003: operación de rodilla y no vuelve a competir hasta la ronda estatal de ese año. 2005: se lesiona en el Tour y en diciembre se plantea incluso colgar la bici, aunque se recupera y gana una etapa en el Giro. 2007: fractura de la cabeza del radio tras caerse en la Vuelta al Algarve.
Una lista demasiado larga que en 2005 estuvo a punto de derrotarle. «El día de Nochebuena salí a andar y me tuve que parar al de diez minutos». Lloró su mala suerte en la cuneta, sobre el manillar. «Llevaba desde agosto sin levantar la cabeza. Días interminables observando, a cada segundo, el dolor. No podía más», asegura. Pero no se plantó. Superó la lesión y en mayo, en el Giro, la carrera que le adora, la que le ha visto crecer, obtuvo su premio: una etapa y la general de la montaña. «Pero ahí se acabó la temporada para mí. El trabajo en invierno había sido nulo y no tenía base para afrontar un calendario tan exigente», explica el irundarra.
Lo fió todo a 2007. En octubre ya estaba entrenando para disfrutar de un invierno endulzado con el nacimiento, el pasado 2 de enero, de su primera hija, June. Luego todo se torció. En la concentración de su equipo, el Quick Step de Boonen y Bettini, el mejor equipo del mundo en las clásicas, un aviso se disfrazó de anécdota: una gripe le tuvo cuatro días en cama. Le rebautizaron: el pupas de la concentración. Una historieta más para contar a June cuando crezca. Una gota menos en un vaso vacío de calma. En Mallorca se sinceró con su compañero de habitación, el joven Barredo. Le dijo: «Si otra lesión me volviese a frenar no sabría si seguiría en este mundillo. Tengo paciencia, pero eso también se gasta».
En la Challenge probó en un par de etapas. Todo bien. Su moral cogió chispa al sol de Mallorca. «A Algarve voy a disputar», le dijo a su director. Hasta la segunda etapa. Allí se paró su reloj. Salió despedido tras arrollar a un ciclista caído en el suelo. Se quedó aturdido. Cristales molidos en su cabeza. Llegó a meta, pero por la noche sus peores presagios tomaron forma: le diagnosticaron una rotura de la cabeza del radio. Su mente volvió a la conversación con Barredo: «La paciencia se gasta». Una frase de su preparador le sacó de ese estado de aturdimiento: «Te puedes quedar en casa pensando en la mala suerte que tienes o puedes ponerte las pilas y hacer rodillo para no perder el trabajo de los últimos cuatro meses». Juanma abrió los ojos. Ancló su Spezialized al rodillo y empezó a quemar caucho. Hasta que el dolor se le extendió a la espalda. «Ahora mismo llevo una semana parado, pero evoluciono bien de la lesión del brazo y he recuperado prácticamente el 65% de la movilidad. Me tiene parado la espalda y todavía no sé hasta cuando. Pero en cuanto pueda empiezo a entrenar», explica.
Mientras, su calendario está en el aire aunque todavía no descarta correr la Vuelta al País Vasco. «No puedo pensar en eso». Menos en que quizás, y sólo quizás, su dorsal no esté entre los que disputen su carrera. «El Giro sigue en pie, claro». Como una idea que ya nunca le va a abandonar: «Siempre me quedará la duda de qué hubiese sido capaz de hacer si las lesiones me hubieran respetado y hubiese tenido continuidad». |
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