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Harkaitz Martínez e Igor Otxoa, en la presentación del documental. Archivo |
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Sonidos del mundo a ritmo de txalaparta
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igor otxoa y Harkaitz martínez, txalapartaris protagonistas de ‘‘nomadak tx’’, explican las razones del éxito del documental premiado por el público en zinemastea
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María R. Aranguren Bilbao
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El documental ‘‘Nomadak Tx’’, dirigido por Raúl de la Fuente, ha recibido, entre otros galardones, el premio del público al mejor largometraje en la vigésimo tercera edición de la Semana de Cine Vasco-Zinemastea-de Gasteiz. La magia del proyecto reside, esencialmente, en la búsqueda de una conexión con el otro. Y, a juzgar por la puntuación de los espectadores, parece que lo han conseguido. Los componentes del grupo Oreka Tx, protagonistas del filme, recorrieron Laponia, Mongolia, la India y el desierto del Sáhara en busca de sonidos distintos con los que fusionar los rítmicos golpes de la txalaparta. Estas fueron las cuatro claves que marcaron su viaje.
Actitud abierta
La txalaparta, según explican Igor Otxoa y Harkaitz Martínez, implica una actitud: «La del respeto por lo distinto y el orgullo humilde por lo propio». Así se acercaron a las otras culturas, con el fin de recuperar su voz en un mundo cada vez más globalizado. «El txalapartari debe ceder parte del ritmo afirmando a la vez el suyo con seguridad; debe ser creativo y a la vez humilde; debe saber golpear con fuerza y luego guardar silencio para escuchar».
Suenan como somos
Los instrumentos musicales indican las condiciones de vida y los medios de los que disponen los pueblos. «En Mongolia, los nómadas viajan con lo imprescindible, así que no se pueden permitir el lujo de transportar instrumentos de un lugar a otro. Por eso han desarrollado una gran técnica de voz y de canto», explica el txalapartari Harkaitz Martínez. Ellos mismos dejaron que la txalaparta adquiriera formas diferentes y que se adaptara a los lugares que pisaban. «Construimos una de hielo en Laponia y otra de roca para tocar en el Sahara», cuenta Igor Otxoa. «La gente se sorprendía mucho cuando les enseñábamos la txalaparta. Algunos creían que era un instrumento inventado por nosotros», expresa.
Improvisación
Aunque hubo una documentación previa, el factor sorpresa fue clave en el viaje. También en el aspecto musical, en el que la improvisación adquirió especial importancia. «De hecho, la banda sonora no se creó después de que se filmaran las imágenes, sino que fue consustancial a ellas. Parábamos en aquellos lugares en los que encontrábamos más belleza o mayor contraste», dice Arkaitz Martínez. «El resultado final tiene que ver con los destinos, los pueblos, las personas».
Viajeros de profesión
El director del documental, Raúl de la Fuente, trabajó con músicos como Compay Segundo, la Vieja Trova Santiaguera o José Mercé antes de comenzar a rodar documentales por todo el mundo: Marruecos, Venezuela, Etiopía, Perú, Cuba, etc. Pablo Iraburu, codirector y guionista, ha filmado en diversos países de Asia, América Latina y África. Y Oreka Tx ya había recorrido mundo para tocar con Kepa Junkera.
Coinciden así con la interpretación que el periodista Javier Reverte hace del viaje: «Viajar tiene algo de creación, comparte con el arte una parte de su esencia. Porque el arte y el viaje ahondan en lo que no se sabe, buscan territorios ignorados, se adentran en las profundidades de cuanto se desconoce, inventan una forma de ver el mundo». |
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