La presidenta chilena, Michelle Bachelet, cumplió ayer un complejo primer año de gobierno marcado por audaces reformas sociales, un inédito gabinete paritario de hombres y mujeres, fuerte superávit fiscal, pero un crecimiento económico por debajo de las expectativas y conflictos sociales.
En su primer año, la socialista Bachelet debió enfrentar, además, la muerte del dictador Augusto Pinochet, situación que sorteó con éxito, pese a que se abrieron viejas heridas en el país que enfrentaron a partidarios y detractores del militar.
Un año de luces y sombras que cierra en medio de las críticas y molestias por el mal funcionamiento del nuevo sistema de transporte de Santiago (Transantiago), diseñado durante el gobierno de su antecesor Ricardo Lagos y que debutó el 10 de febrero pasado.
Bachelet, la primera mujer que ha llegado a la presidencia de Chile y con gran empatía con la gente, generó adhesiones incondicionales y muchas expectativas en su gestión.
Urgida por un mandato de cuatro años la médico pediatra impulsó en sus primeros cien días un programa social, sustentado en un superávit fiscal récord de 7,9 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
El programa, aplaudido por todos, incluyó un aumento de las pensiones de los ancianos, reforma del sistema de previsión para hacerlo más equitativo, ampliación de la cobertura gratuita de salud y mayores subsidios a la educación.
Sin embargo, la luna de miel duró poco y ya en mayo comenzaron las primeras protestas estudiantiles que se prolongaron por casi dos meses con medio millón de escolares en las calles que pedían mejorar la calidad de la educación.
La movilización estudiantil cambió la agenda del gobierno y provocó la temprana caída de los ministros del Interior, Andrés Zaldívar y de Educación, Martín Zilic. Ambos militantes de la Democracia Cristiana (DC), partido que junto a socialdemócratas y socialistas integra la Concertación, la coalición que gobierna desde 1990 y que tras ese episodio quedó con heridas que ha costado cerrar.
A los conflictos estudiantiles siguieron las denuncias de corrupción en organismos estatales como Chiledeportes y el uso de fondos públicos en campañas parlamentarias, situaciones que su gobierno heredó.
Al comentar estos hechos, que involucraron a militantes de partidos políticos integrados en la Concertación, la propia mandataria señaló en recientes declaraciones que el tema fue «tremendamente grave y doloroso».
Al hacer un balance del año, el portavoz de Gobierno, Ricardo Lagos Weber dijo a la prensa que lo peor fue el tema de irregularidades en Chiledeportes porque fue una situación compleja y coincidió en que el crecimiento económico «no fue satisfactorio». A su juicio, lo mejor del año fue «haber sacado todos y cada uno de los compromisos que se propusieron a pesar de las dificultades».
En referencia a la reforma del sistema de pensiones, la protección social, profundización de la democracia, reforma a la educación y la agenda de probidad.
En el campo económico, pese a la bonanza del alto precio del cobre, el principal producto chileno, la economía experimentó una desaceleración, que obligó a rebajar dos veces la proyección de crecimiento para el 2006 a un 4,2 por ciento, muy abajo del rango de 5,25 a 6,25 por ciento proyectado. «Al final del día no estoy satisfecha con el crecimiento del 2006», dijo la mandataria el pasado viernes en declaraciones al vespertino "La Segunda".
Aprueba en política exterior
En cuanto a política exterior, Bachelet ha privilegiado su relación con América Latina, y especialmente con sus vecinos con los que ha recompuesto relaciones dañadas.
A la hora de las críticas, desde la oposición de derecha, el presidente de la ultraconservadora Unión Demócrata Independiente (UDI) señaló que «éste es un gobierno a la deriva, sin conducción política».
Un sondeo de la consultora privada Adimark, difundido la semana pasada, mostró que la aprobación a la mandataria llegó en febrero pasado a 49,3 por ciento, dos puntos más que en enero, pese a los problemas del "Transantiago".
«No es un mal resultado para un año difícil», dijo el director de Adimark, Roberto Méndez. |