UN RESPONSO al que asistieron apenas una veintena de personas fue la despedida ofrecida en la tarde de ayer en el tanatorio del cementerio de San José de Granada a Inmaculada Echevarría, quien entre sus últimas voluntades expresó el deseo de que fuese un acto íntimo, al que sólo acudieran sus mejores amigos.
Así lo indicó a los periodistas tras la celebración de la breve ceremonia religiosa, de la que no trascendió ni el oficiante ni el contenido, uno de los amigos más íntimos de Echevarría, Federico Oloriz.
Especificó que esta mujer navarra, que falleció a las 21 horas de ayer a los 51 años tras retirársele el respirador que la mantenía artificialmente con vida, «no quería un acto público, sino en la más absoluta intimidad», como así fue. Por ello dio «gracias a Dios», ya que Inmaculada vio cumplidos sus deseos «en todos los sentidos», al lograr la muerte digna que deseaba y al contar en su despedida tan sólo con sus más allegados.
Entre estos allegados no se encontraba su hijo biológico, que dio en adopción a los ocho meses por encontrarse ya impedida y fallecer su marido en un accidente de tráfico, quien acudió a Granada para despedirse de ella días antes pero no la acompañó cuando le desconectaron el ventilador -medida que no apoyaba- ni en la ceremonia funeraria religiosa.
Oloriz trasmitió «en nombre de Inma» y de todos cuantos han estado con ella «un grandísimo agradecimiento a todos», incluidos el Hospital de San Rafael y la orden de San Juan de Dios que lo gestiona y la Asociación por una Muerte digna, dijo.
«Para mí es una grandísima tristeza haber pedido a una gran amiga y persona, que hacía mucho más por los demás de lo que se puedan imaginar, y una grandísima alegría porque ha conseguido lo que quería», apuntó con voz entrecortada por la emoción.
Además, pidió «por favor, respeto» para ella y «todos los que la han ayudado», así como «disculpas» a los medios de comunicación por no querer desvelar más datos.
Inmaculada, que falleció a las 21.00 horas del miércoles tras ser desconectado el respirador que la mantenía artificialmente con vida después de haber sido trasladada por la mañana del Hospital de San Rafael al de San Juan de Dios, dependiente del Servicio Andaluz de Salud (SAS), será incinerada hoy.
Echevarría dejó escrita su última voluntad y la dirigió a su hijo, a quien pidió ser incinerada y que sus cenizas se esparzan en la costa de Pontevedra, el lugar donde fue «más feliz», según desveló Cristóbal Entrena, otro de sus amigos más íntimos. |