Con las ganas que tenía este domingo de comentar asuntos agradables y me va a resultar imposible. La actualidad manda, y a fecha de hoy nada ostenta más prioridad en esta sección que la inestabilidad de los mercados de acciones. Recordarán que la pasada semana explicaba cómo argumentaban algunos los bruscos descensos en los índices -recesión de la economía USA, crisis en China, petróleo- pero que más bien sonaban a excusas para justificar un alto en la ininterrumpida fatiga alcista que se prolongaba ya ocho meses. Pues esta última semana la volatilidad ha aumentado y con ella los nervios de un papel temeroso de perder una parte de los beneficios acumulados. Y, cómo no, otra vez se han tenido que buscar coartadas que avalen dicha volatilidad ya que, al parecer, no es suficiente razón el hecho de que se materialicen plusvalías, haya rotación de capital y algunas empresas ajusten sus precios a la espera de justificarlos en el futuro con sus cuentas de explotación.
Así que en los días precedentes se han sumado nuevos motivos para explicar este cambio de tendencia, o al menos de comportamiento. La existencia de los carry traders -para que entiendan el palabro, estructuran operaciones financiadas en monedas a tipo de interés bajo y reinvertidas en activos de mayor rentabilidad- normalmente realizadas en yen pero que, como todo préstamo, hay que devolver, ha venido al pelo debido a la notable apreciación de la moneda nipona. Pero sin duda la madre de todas las explicaciones ha venido de la mano de la crisis en las hipotecas de alto riesgo norteamericanas, también llamadas subprime, que han abocado a dos entidades financieras locales a una situación de quiebra. No voy a expresar mi humilde opinión, sino la que vertía hace pocos días el economista jefe de BBVA, José Luis Escrivá, en un diario económico y con la que me alineo incondicionalmente. Dice este profesional, entre otras cosas, que las hipotecas subprime representan el 7% del stock hipotecario de Estados Unidos, y que el riesgo de que este tipo de créditos -alto, desde luego- sea la punta de un iceberg del sistema en ese país y se produzca un credit crunch, una recesión económica considerable, se le antoja, cuando menos, remoto. Vamos, que no justifica ni de lejos todo este miedo, aunque el mercado esté empeñado, hasta la fecha, en lo contrario.
Por ello, tomen las decisiones oportunas, aférrense a la teoría o vayan con la ola, no vayamos a saltar de la sartén para caer en el fuego. |