«Me puse a trabajar como una loca. ¿Qué voy a hacer con cuatro hijos y esta pensión?» Loli Portillo Viuda, 67 años
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466 euros. Cien menos que el salario mínimo interprofesional. Es lo que le queda de pensión de viudedad a Loli Portillo. Su marido, socio de un pequeño taller de madera de Balmaseda murió con 50 años. Desde entonces, ella ha hecho malabarismos para sacar adelante a sus cuatro hijos.
Su pensión siempre ha sido baja. Los primeros años cobraba 19.000 de las antiguas pesetas, ahora en euros, su paga no llega ni con creces a los 570 euros de SMI. «Si el umbral de la pobreza está en 800 euros, nosotras, las viudas, nos quedamos en el sótano», comenta Loli que, a sus 67 años, aún no ha perdido su nota de ironía.
Trabajó algunos años pero nunca cotizó. «Estábamos en una peluquería catorce trabajadoras pero sólo aseguraban a una al año», relata, al tiempo que recuerda que «íbamos al médico todas con la misma cartilla».
Poco después de fallecer su marido, también le tocó trabajar, y mucho. «A currar como una loca, ¿qué voy a hacer con cuatro hijos y esa pensión?», explica. En su casa hacía ganchillo para El Corte Inglés y, en los ratos libres, «monté un chiringuito en una huerta que tenía mi madre al lado de un río en el Valle de Mena».
Todas, en la miseria
No obstante, Loli deja claro que su situación no dista mucha de la del resto de sus amigas viudas. «Es difícil para todas, vivimos en mucha miseria», lamenta. Es por ello que se queja de las nuevas ayudas del Gobierno vasco, consciente de que, la mayoría de ellas, se quedarán fuera. «Nos están poniendo el caramelo en la boca y, cuando vayamos a cobrar, nos quedaremos todas con las ganas», augura, no muy desencaminada.
«Yo no puedo celebrar nada hasta que no me vea con la ley en la mano. Dice el señor Azkarraga que habrá ayudas para menos de 14.000 mujeres. ¿Y qué nos va a pasar a las demás?», se pregunta, quizá, demasiado acostumbrada a leer la letra pequeña de las buenas noticias. |