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Las personas que padecen este Síndrome necesita mover las piernas para aliviar temporalmente los síntomas; para ello estira y dobla las piernas, camina y se mueve. Archivo |
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El 80% de los pacientes que pacede el Síndrome de Piernas Inquietas permanece sin diagnosticar
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La falta de información acerca de esta patología, que afecta a entre un 5 y 10% de la población dificulta el trabajo de los profesionales sanitarios Es un trastorno neurológico que se caracteriza por la necesidad irresistible de mover las piernas y sensaciones molestas en situación de reposo
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Nekane Lauzirika Bilbao
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Más en mujeres La posibilidad de sufrir el Síndrome aumenta según los embarazos
Enfermedad genética Otros factores de riesgo son la edady el déficit de hierro
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NOCHES en vela, caminatas por los pasillos de casa aliviando las piernas que sienten el irreflenable impulso de moverse. Hormigueos, pinchazos, dolores que llevan a la necesidad de masajearlas continuamente. Es el duro día a día de una persona que sufre Síndrome de Piernas Inquietas (SPI).
Aunque este Síndrome no es nada nuevo -se describió científicamente por primera vez hace 400 años- no ha sido hasta los últimos años -coincidiendo con nuevos y más efectivos tratamientos- cuando ha cobrado especial relevancia. Y eso que no se trata de una enfermedad rara entre la población, ya que hasta un 5% la padece.
El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI), un trastorno neurológico caracterizado por la necesidad irresistible de mover las extremidades inferiores y que va acompañado de sensaciones desagradables y molestas en las piernas. Los pacientes lo describen como «escalofríos u hormigueos» que se alivian parcial o totalmente con el movimiento y producen principalmente en estado de reposo, sobre todo durante las horas de descanso.
Además de padecer las molestias que este síndrome conlleva, los pacientes sufren también las consecuencias del infra-diagnóstico, ya que el 80% de personas que lo padecen están sin diagnosticar.
Según el doctor Diego García-Borreguero director del Instituto de Investigaciones del Sueño (IIS), «diversos estudios realizados en diversas partes del mundo occidental muestran que entre el 5 y el 10% de la población de entre 18 y 65 años padece esta enfermedad. Esta cifra es aún más elevada en las personas mayores. La inmensa mayoría de las personas afectadas desconocen que padecen este cuadro, ya que bien ellos o sus médicos suelen atribuirlo -por error- a problemas de circulación, enfermedades reumáticas, estrés, depresión, etc. Actualmente, solo unos pocos reciben el tratamiento adecuado».
"La denominación de Síndrome de Piernas Inquietas es puramente descriptiva. Los síntomas esenciales para describir esta enfermedad son: una sensación imperiosa de mover las piernas cuando están en reposo, que los pacientes describen como inquietud y que esta inquietud mejora y se alivia sólo cuando mueven las piernas» explica el neurólogo doctor Alex Iranzo, del Hospital Clinic de Barcelona.
«Una vez eliminadas las molestias con los tratamientos actuales, las personas afectadas notan -en pocos días- una mejoría del sueño y de su calidad de vida. No obstante, el mayor escollo para las personas afectadas estriba en dar con un diagnóstico eficaz», subraya el experto.
Este Síndrome puede aparecer en cualquier momento de la vida, aunque lo habitual es que se inicie entre los 40 y 50 años, con manifestaciones episódicas que van aumentando su frecuencia y severidad con el tiempo, hasta presentarse casi a diario.
Según la siquiatra Francesca Cañellas, «este síndrome es particularmente frecuente en las mujeres, y la probabilidad de padecer esta enfermedad crónica aumenta en función del número de embarazos. Otros factores de riesgo son la edad y las situaciones de déficit de hierro. Se suele asociar a patologías crónicas como la diabetes, insuficiencia renal o la artritis reumatoide».
«El diagnóstico del SPI es clínico. Puede y debería de realizarse en una consulta de Atención Primaria en base a preguntas que reflejen los criterios esenciales de la enfermedad».comenta el doctor Iranzo.
La mayoría de las dificultades con las que se encuentran los médicos de familia, que suelen ser comunes a la mayoría de los casos de patologías neurológicas, son la propia complejidad de la enfermedad, la existencia de sobrecarga asistencial, la falta de tiempo, o la necesidad de estar capacitado en todas las áreas clínicas. Y en el caso concreto del SPI la falta de información se hace aún más patente: aspectos epidemiológicos, clínicos, de tratamiento, etc.
«Sería deseable un mayor grado de divulgación e investigación que permita sacar a la luz esta patología oculta y evitar así los diagnósticos erróneos. Las enfermedades poco conocidas comienzan a dejar de serlo cuando se habla de ellas», explica el doctor González, médico de familia y coordinador del Área de Neurología de la Sociedad Española de Médicos de Atención primaria (Semergen).
La investigación realizada para determinar la causa del SPI es continua y las respuestas son limitadas, pero los especialistas creen que el SPI puede tener causas diferentes que tengan entre sí algunos elementos en común.
Los expertos opinan que se trata de una enfermedad genética en la que hay varios cromosomas relacionados. Existen indicios que apuntan a que el origen del SPI se debe a un trastorno del sistema dopaminérgico a nivel del sistema nervioso central. Esta alteración se manifiesta fundamentalmente en forma de déficit dopaminérgico, causando los síntomas por la noche y mejorando por el día. |
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