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Varios voluntarios haciendo una demostración en la orilla. Javi García |
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Una adicción altruista
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Los voluntarios disfrutaron ayer el homenaje que la Cruz Roja de Bizkaia les rindió por sexto año, esta vez en la explanada del Museo Marítimo de Bilbao Dicen que ayudar al prójimo «engancha». Al menos es así para las personas de todas las edades que dedican su tiempo libre a acompañar a personas mayores dependientes, que ayudan a integrarse en esta sociedad a inmigrantes o apoyan a mujeres que sufren violencia de género. Dan mucho por nada.
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Rosa Martín Bilbao
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SE respiraba calor humano ayer en la explanada del Museo Marítimo de Bilbao. No es fácil encontrar gente así, solidaria y altruistas en un mundo en el que las relaciones humanas se distancian. Ellos son anónimos e imprescindibles, voluntarios a cambio de nada.
La Cruz Roja de Bizkaia les rindió un homenaje y volvieron a encontrarse en un acto que la ONG celebra desde hace seis años, y cada edición en un lugar diferente. Sus cuentas arrojan resultados positivos: el año pasado 5.830 personas dedicaron su tiempo y esfuerzo en ayudar a los demás, atendiendo a otras personas de colectivos vulnerables como inmigrantes con problemas de integración en la sociedad y para encontrar trabajo.
Son muchos quienes les necesitan, entre ellos las mujeres que sufren la violencia de género, o los mayores que no pueden valerse por sí mismos, los jóvenes, los niños... El apoyo de los voluntarios es vital, siempre bajo el prisma de la igualdad, la tolerancia, la convivencia y la justicia.
A los protagonistas se unieron familiares y amigos, incluso quienes les han necesitado alguna vez. Los mayores disfrutaron de una caldo calentito para combatir el frío aire mientras los niños disfrutaban de las actividades que los organizadores habían programado.
Los más atrevidos se deslizaron en tirolina desde la grúa Carola y la unidad alpina demostró cómo se rescata a una persona colgada del vacío. Montaron un hospital de campaña y simularon un salvamento en la Ría que atrajo la atención de todos, con motos de agua que llegaban a toda velocidad para salvar a un supuesto herido y una lancha grande que derrapaba.
«Todas las manos valen»
Acudieron desde chavales de 18 años a jubilados, «todas las manos valen», decía Verónica Diestro, directora de voluntariado de Bizkaia. Es la encargada de poner de asignar tareas a quieren sumarse a su labor.
«Cuando llegan hablo con ellos para saber qué les gustaría hacer. Algunos sólo saben que quieren ayudar, pero desconocen cómo hacerlo. Otros tienen muy claro qué quieren hacer», relata. Ella comenzó hace 22 años ofreciendo su tiempo libre. «Pero esto engancha, crea adicción y ya no puedes parar», confesaba.
La afición al montañismo llevó a Eva Cubilledo a formar parte de la unidad de rescate de montaña desde hace ocho años. «Me metí para hacer cursillos de primeros auxilios, y me quedé».
Resultaba curioso que al ser preguntados por los momentos que habían vivido con más intensidad, aquellos que habían dejado huella en su memoria por algún motivo especialmente sensible o alegre, no sabían recordar uno en concreto. «No dejas de impresionarte, pero te acostumbras», respondía Verónica.
Después de recoger el material, los apretónes de manos y las despedidas pusieron punto final a una fiesta que se repetirá el año próximo. |
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