La integración de las diferentes culturas que conviven en Euskadi no tiene sólo asignaturas pendientes en la vida diaria, también en la muerte. La ley estatal que protege la libertad religiosa obliga a reservar parcelas para cementerios de todas las confesiones religiosas. Sin embargo, una de las más numerosas en el País Vasco después del catolicismo, la islámica, carece de espacio propio para enterrar a los suyos como manda el Corán.
«¿Por qué un musulmán no tiene derecho a ser enterrado dignamente?», se pregunta un portavoz de este colectivo en Bizkaia, Moulay Driss Sadiki, que lamenta que aunque es un grupo muy numeroso su peso «no es el suficiente para las instituciones públicas». Concretamente, la cifra de musulmanes que viven en la Comunidad Autónoma Vasca supera ya las 12.000 personas. Sin embargo, cuando alguno fallece, sus familiares se ven obligados a desplazarse hasta Madrid o la localidad zaragozana de Torrero, las más cercanas con cementerio islámico.
Eso o, como Sadiki y la mayoría de sus compañeros, acudir a un seguro privado que repatrie el cadáver a su país de origen. «Si me entierran en Zaragoza, el día de mañana mis hijos tendrán que viajar hasta allí para verme, así que prefiero que me entierren en mi pueblo, en Rabat», reconoce este marroquí, asentado en Bilbao desde hace más de una década.
Sadiki tarda poco en responder a su primera pregunta. «Las instituciones no están por la labor de atender la demanda de los musulmanes y, además, en este país, el terreno está muy caro», asume. «Con los precios que piden por un piso aquí, a ver quién se atreve a reclamar terreno para un cementerio», añade con tono resignado.
No obstante, subraya que «el balón está en el tejado de los políticos». «Nosotros estamos dispuestos a respetar la legislación y nos conformaríamos con tener uno para todo Euskadi», apunta Moulay Sadiki.
Pero ningún responsable institucional parece atreverse a lanzar esta pelota. Es Donostia la capital vasca en la que las negociaciones han llegado más lejos. Los responsables del cementerio municipal, en Polloe, han celebrado varias reuniones con los imanes de las mezquitas guipuzcoanas pero no han llegado aún a ningún acuerdo.
«Quieren suelo exclusivo»
Su gerente, Juan José Martínez, considera que la demanda del colectivo islámico asentado en Gipuzkoa aún no es muy importante «ya que la mayoría tiene contratado un seguro para enviar el cadáver a su país».
Sin embargo, también informa de que «les ofrecimos utilizar parte del cementerio pero lo rechazaron porque quieren un terreno propio y exclusivo». Una petición que el Ayuntamiento de Donostia, al menos de momento, no está dispuesto a asumir.
La explicación de los islámicos a este desacuerdo pasa por la imposibilidad de mezclar varias religiones en el mismo cementerio. «No podemos enterrar a nuestros muertos al lado de una capilla católica, igual que una iglesia no se puede utilizar para que recen los católicos a una hora y el Corán a la otra», responde en este sentido Sadiki.
Eso sí, los pequeños avances realizados en Donostia son gigantes si se comparan con las dos capitales vecinas. Ni en Bilbao ni en Gasteiz se han juntado alrededor de la misma mesa responsables musulmanes y municipales para buscar la mejor manera de atender esta necesidad.
Desde el cementerio vizcaino de Derio, uno de sus responsables, Agapito Malabe, reconoce que el Consejo de Administración de esta empresa municipal ni siquiera ha estudiado la posibilidad de habilitar terreno para enterramientos islámicos.
Por su parte, tampoco el Ayuntamiento de Gasteiz ha hincado el diente a este asunto, pese a que la demanda de la comunidad musulmana que vive en Araba sí que ha sido recogida por la oposición. De hecho, la necesidad de construir un nuevo cementerio que cumpla los requisitos establecidos por la religión del profeso Mahoma ha sido recogida en varios acuerdos municipales, desde hace varios años.
«El pleno del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz considera necesaria la construcción de un cementerio para musulmanes con las instalaciones adecuadas y atendiendo a las directrices marcadas por Sanidad del Gobierno vasco y al borrador confeccionado por la mezquita Al-Taqua», rezaba un texto aprobado por el Ayuntamiento gasteiztarra, con la firma del PP, ya en el año 2001. Sin embargo, ni éste ni los posteriores acuerdos han llegado a buen puerto. Mientras, los musulmanes que viven en Euskadi siguen mirando con envidia localidades como Madrid, Valencia o Granada, donde la posibilidad de enterrar a sus allegados está contemplada desde hace años. |