EN EL TIEMPO transcurrido desde que abriera su consulta de Medicina Familiar en 1981, José Manuel Medrano ha sido testigo de la gran evolución que ha experimentado la sanidad pública. «En aquella época trabajábamos tres personas en el ambulatorio durante dos horas. Ahora las consultas duran seis, hay muchos especialistas y máquinas», asegura.
Habla con conocimiento de causa. Entre las nueve de la mañana y las tres de la tarde trabaja con Osakidetza y desde las cinco a las siete atiende «catarros, bronquitis o lumbalgias» en un piso ubicado en un céntrico barrio del municipio, desde donde realiza también trámites relacionados con el Igualatorio Médico Quirúrgico. Mientras que este servicio ha mantenido su bolsa de pacientes, las cifras de la consulta privada han descendido.
Parte de culpa puede achacarse a que las patologías que trata responden a un perfil de paciente «de edad más avanzada», que es quien acude mayoritariamente a su consulta. «Conservan esa visión del médico de cabecera de toda la vida», señala, añadiendo que «creen que el profesional que dispone de más tiempo les va a atender mejor y por eso no les importa pagar».
Para los jóvenes, en cambio, la sanidad queda relegada a un segundo plano. «No tienen achaques, y en caso de que necesiten atención, recurren a la medicina pública, que está muy bien equipada». Además, «prefieren reservar su dinero para otros fines, como la casa o el coche».
Ellos no están acostumbrados a guardar las distancias con el facultativo como antaño, cuando su profesión les convertía en una de las figuras más reverenciadas del pueblo. «Eso de hablar al médico de "Don", por fortuna, ya ha quedado atrás, aunque lo que no ha cambiado es el respeto y el cariño con que nos tratan», dice de sus pacientes.
Una media de 150 al mes desfila por su consulta de lunes a viernes -exceptuando el jueves-, procedentes, por supuesto, de Zalla, pero también de los municipios limítrofes de «Güeñes, Artzentales, Galdames o Karrantza». Por eso, considera que en un área tan extensa geográficamente como las Encartaciones la oferta es «un poco pobre». Aún así, «el número más reducido de habitantes de los pueblos», hace que las consultas de nueva creación tengan «más dificultades para consolidarse». Lo que no significa que el futuro de la medicina privada se antoje difícil. «Por muchos cambios que haya siempre tendrá su espacio», finaliza. |