|
|
|
De posturas soeces y roces
|
|
Enrique Santarén
|
|
 |
|
DE VERDAD QUE soy incapaz de imaginar lo que ocurre debajo de un paso de Semana Santa cuando los costaleros, mediante un esfuerzo inmenso que si no fuera impulsado por la fe rozaría el pecado porque casi atenta contra su propia integridad física, logran trasladar una mole para asombro y delirio de fervorosos y turistas. Digo que no puedo imaginar lo que pasa debajo, salvo caras de sufrimiento y extenuación por el esfuerzo. Las imágenes y sensaciones que quedan en la retina de la Semana Santa siempre impresionan: capirotes, cofrades, pasos, tambores... todo es misterio oculto. Hasta ahora. Escucho que una cofradía cordobesa ha intentado excluir a dos mujeres de la durísima tarea de costalero porque bajo las trabajaderas «hay posturas de un acercamiento físico muy próximo, que si se vieran fuera habría incluso personas que podrían decir que son posturas soeces» y además pueden producirse «roces». Lejos de entender lo que ocurre bajo el paso, esta revelación hace crecer mi curiosidad. Posturas soeces y roces. Acabáramos. Vade retro. Al parecer, las posturas soeces sólo son patrimonio de las mujeres y los roces pueden ser admisibles sólo entre hombres. Curioso. Una vez más, la presión y la denuncia pública han logrado dar la vuelta a este nuevo ejemplo de discriminación, pero sólo por este año. A mí, la verdad, algunas posturas de algún sector de la Iglesia y algunas posturas de partidos como el PP me parecen mucho más soeces que lo que ocurra bajo un paso de Semana Santa. Por no hablar de algunos roces. Ya sabemos que «el roce hace el cariño», y también que mucho roce hace llaga. Tengamos la Semana Santa en paz. |
|