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Ser Masa
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Carmen Torres Ripa
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"Vivimos un desmadre social, una masificación del yo equivocado. La masa nos ahoga y hemos dejado de entender el nosotros para ser un continuo e impersonal ellos"
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Mi abuelo era navarro, de Viana. Murió un año antes de nacer yo y no pude preguntarle si el ser navarro imprime un carácter revolucionario o pacifico ajeno al concepto universal del tema. Pero creo que la historia ha rodeado a Navarra de una personalidad peculiar, aunque… querer utilizar Navarra para sacar a la calle banderas, himnos y locura es superior a cualquier razonamiento. Últimamente mi lema de vida es: nunca preguntes. Nunca busques respuestas. Las dudas y las soluciones están en ti mismo.
Lo que no sé es quién arregla el desquiciamiento colectivo que nos va enfureciendo a todos.
¿Por qué no tomamos la calle y decimos "se acabó"? Porque el yo no se puede multiplicar.
Nuestro yo -el sensato, el que quiere cambiar el mundo y vivir en paz- se ha cansado. Hay un malestar que se extiende como el humo del diablo para ennegrecer los más bellos sentimientos del ser humano. El no matarás, el no juzgarás, el no odiar, el perdonar a tu enemigo, mantener la templanza… Son ideas de antaño que ya no parecen servir a los creyentes del siglo XXI. Se pide venganza con pancartas, se insulta, se injuria, se condena. La burla es fácil, y en ese escarnio caben todo. También la paz.
La paz. Paz ¡Qué palabra tan controvertida en una España dividida en dos como una naranja recién pelada!
Una naranja desgajada que ha derramado su riqueza inútilmente, una naranja con la pulpa aplastada sin zumo de vida. Una naranja que da un jugo de hiel que no salva a nadie.
La masa es un monstruo sangriento y ciego que camina destrozando el sendero. Y ser masa empieza a ser un signo de desprestigio para el individualismo limpio y sólo del yo personal.
Usted que me lee en este día de marzo. Usted ¿desea escupir a su vecino? Usted ¿desea la muerte del señor que cruza la calle? Usted ¿está de acuerdo con los asesinos del 11-M?
No.
Usted es una mujer y un hombre de bien y, sin embargo, el polvillo del humo del mal se mezcla con el aire que respiramos y empezamos a creer lo que creemos -auténticas degradaciones- porque la normalidad ha dejado de ser normal.
Vivimos un desmadre social, una masificación del yo equivocado. La masa nos ahoga y hemos dejado de entender el nosotros para ser un continuo e impersonal ellos. Un ellos que ya no sabemos ni a quién abarca.
La corriente nos arrastra, nos aturde y nos lleva porque usted y yo no sabemos navegar contra esa corriente y decir lo que pensamos.
Nos hemos perdido en medio de la vida y no encontramos la dirección exacta que nos lleve con rectitud a la plenitud del ser humano. No tenemos referencias. Y la brújula se perdió en medio de una manifestación. |
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