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Las zonas oscuras de la paridad
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Robert Pastor
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La paridad entre géneros es una reivindicación femenina aún no plasmada en la realidad práctica, a pesar de su reconocimiento jurídico en todas las sociedades democráticas occidentales, de las constituciones para abajo. El Congreso de los Diputados ha aprobado la ley que debe contribuir a garantizarla, cuando se aplique con todas las consecuencias, y siempre que llegue a aplicarse.
Las oposiciones han sido las de siempre, de los sectores más conservadores, y con argumentos que coinciden exactamente con los de las representantes políticas e institucionales de la derecha que gobierna en el Principado de Andorra, recogidas por este mismo periodista en un reportaje reciente, el tradicional del 8 de mayo.
Para las mujeres de la derecha, incluso en posiciones de poder y en cargos públicos, la igualdad real ha de conseguirla por convencimiento e impulso de la propia sociedad. La discriminación positiva se puede convertir en negativa si, siguiendo el ejemplo de una de las opinantes, se presentan cuatro hombres y dos mujeres en una oposición donde se han de conceder cuatro plazas. Ellas estarían directamente seleccionadas, por muy inferiores que fuesen sus méritos. También él se quejaba que la proporción 40-60 le obliga a reformar la lista confeccionada para las elecciones locales en Tenerife, integrada casi totalmente por mujeres.
La magistrada francesa, y también del Tribunal Superior andorrano, Marie Conte, aseguraba con rotundidad que, si verdaderamente se quiere la igualdad, se ha de contar con la capacidad coercitiva de la ley. Pero a la vez declaraba que pocas niñas y adolescentes, incluso en las sociedades occidentales, se plantean como proyecto de futuro acceder a los más altos cargos de la política o de la empresa, porque sus aspiraciones van por otros derroteros y otros ámbitos donde conseguir el éxito. Además de recordar que subsisten las diferencias en los modelos educativos para niños y niñas... impuestos por muchas, demasiadas, madres.
Quien se ha confesado desde hace muchos años lesbiano, bastante antes de la novela de Sanpedro, no puede sorprenderse que aclamen a Rodríguez Zapatero con el adjetivo de feminista como máximo elogio. Sin embargo, parece evidente que cualquier ley general deja ángulos oscuros, situaciones individuales donde su aplicación puede comportar injusticia, como ocurre en los casos de discriminación positiva, sea de personas o de usos lingüísticos, sin que tales lagunas, en todo caso perjudiciales para minorías muy cortas, inhabilite su contenido ni, menos aún, su filosofía.
Mantener ese debate hoy, en la primavera de 2007, suena y probablemente corresponde a una actitud de conservadurismo recalcitrante. A una resistencia que, viniendo de un representante del género masculino, sólo puede corresponderse con un machismo subyacente, incluso subconsciente, por otra parte explicable a la vista de la educación y los usos sociales heredados de generaciones anteriores.
Pero sí, hay casos de discriminación negativa en la paridad, como la lista para Tenerife aludida por el PP, si realmente existía tal como dicen. O como la medida adoptada por los organizadores de los torneos de tenis más importantes, los del "grand slam", empezando por el parisino de Rolland Garros que ha decidido otorgar un millón de euros al vencedor individual, masculino y femenino, y la mitad a los respectivos finalistas. Si se ha venido reclamando, con toda la razón, que a igualdad de trabajo igualdad de salario, ¿no es cierto que los tenistas hombres juegan muchos más sets y algunos partidos más que las participantes femeninas en el mismo campeonato?
Argumentos para la caricatura y para la tertulia de café o de sobremesa no faltan, sobre todo si de lo que se trata es de "pinchar" a alguna feminista militante. Todavía recordamos las cesiones de paso ante todas y cada una de las puertas a una parlamentaria vasca que, primero pasaba, y luego insultaba al provocador disfrazado de galante. Una reacción que subía aún de tono en cada llamada telefónica cuando, reconocida la voz, y por "ciriquiar" el periodista preguntaba por "la señora de..." y arrancaba una respuesta espontáneamente afirmativa.
A quienes nos acercamos a velocidad informática hacia la jubilación, en bien poco nos va a afectar la nueva ley de paridad española, salvo accidente. En cambio, los chicos de generaciones posteriores han de ver en estas nuevas disposiciones una garantía de futuro.
El verdadero sexo fuerte -aquel que para el misógino Jardiel Poncela era el débil, pero había hecho gimnasia- les habrá de ceder al menos el 40 por ciento de cargos y puestos en los ámbitos político, empresarial, económico y laboral o cualquiera otro. Aunque objetivamente ellas estén capacitadas, que cada vez lo están más, para ocupar más de las dos terceras partes de las plazas. Se les podrá recordar entonces aquello de "Santa Rita, Rita, Rita...". |
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