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Aitor Karanka saluda, desde las puertas de Ibaigane hace un año, a los presentes cuando compareció para anunciar su segunda despedida del Athletic para fichar por Colorado Rapids de Denver. Archivo |
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Ley de defensa
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El gasteiztarra inició en el Athletic una brillante carrera marcada por su solvencia
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Pako Ruiz Bilbao
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Era el mejor regalo de cumpleaños que podría recibir. Tres días después de cumplir los 20 añitos, veía realizado el sueño que todo jugador curtido en Lezama desea: jugar con el primer equipo. El técnico alemán Jupp Heynckes se lo quiso ofrecer. Aitor Karanka debutó como león el 18 de setiembre ante el Las Palmas (3-1) en partido de Copa. Fue un estreno redondo. Jugó los 90 minutos y el Athletic ganó. Era el inicio de una brillante carrera para el gasteiztarra, un jugador que se desenvolvía tanto en el lateral izquierdo como central.
Aitor Karanka se hizo con un hueco en el once poco a poco, para cerrar su primer curso en el primer equipo con nota alta. En la siguiente campaña, 1994-95, alcanzó la madurez en Primera División al disputar 32 partidos de Liga (anotó su primer tanto como rojiblanco ante el Espanyol), dos de Copa y cuatro de la Copa de la UEFA. El gasteiztarra apretaba fuerte, tanto que en ese ejercicio debutó con Euskadi y jugó su único partido con la selección estatal absoluta (Armenia-España, clasificatorio para la Eurocopa de Inglaterra’1996).
Karanka avanzaba a pasos gigantes. En las dos temporadas siguientes (1995-96 y 1996-97) no paró de crecer. Pero el gasteiztarra decidió parar. Decidió dejar el Athletic. Le llamó el Real Madrid y se decantó por los ‘‘encantos’’ merengues. «Me ofrece la posibilidad de ganar títulos», se justificó. Era consciente de que su marcha no iba a sentar nada bien en la afición rojiblanca. Eso sí, el Madrid tuvo que pasar por caja. Desembolsó mil millones de pesetas de las de entonces. El Athletic llenaba sus arcas, pero perdía a un jugador que había dado un altísimo rendimiento.
Billete de ida...y vuelta
Aitor logró lo que buscaba en el Real Madrid. Títulos. De todo los colores. Puede presumir de ello. Pero para presumir, las tres coronas conquistadas en la Champions (1999, 2000 y 2002). Pese a que sólo jugó una de esas tres finales. La segunda. El gasteiztarra fue de la partida en el once de Vicente del Bosque en el gran duelo frente al Valencia en el Stade de Francia. El Madrid ganó con rotundidad (3-0). Un título de Liga, una Intercontinental y dos Supercopas completan su palmarés como madridista.
Pero no todo lo que reluce es oro. Aitor Karanka vivió momentos duros en el Real Madrid. Fue presa de la presión que soporta un club como el blanco. Pero el momento más difícil no fue en los terrenos de campo. Fue en el terreno vital. En marzo de 1998, una miopericarditis idiopática (una lesión cardíaca) le ocasionó el mayor susto de su vida. Karanka pasó cinco días ingresado en una clínica, en la que fue sometido a todo tipo de pruebas. «Le analizaron desde los pelos de la cabeza hasta las uñas de los pies», ilustró su padre. Tras más de tres meses de continuo reposo, Karanka volvió a asentirse futbolista.
En junio de 2002 llegó el fin de su etapa en el Madrid. A Aitor Karanka le surgió la opción de volver a casa. Volvió. Pero en su segunda era como rojiblanco no tuvo tanta fortuna como en la primera. Los dos primeros ejercicios en su retorno pasaron sin demasiados tragos. Pero una grave lesión en los ligamentos de su rodilla izquierda que sufrió en marzo de 2005 en un entrenamiento le llevó a vivir todo un calvario. Hasta que hace un año emigró a Estados Unidos. Ahora le toca deshojar la margarita. |
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