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Aspecto de la cancha y parta del graderío del Ogueta, que ayer registró una gran entrada pero que no llegó al lleno absoluto. Asier Bastida |
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El triunfo del "tiki taka"
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El Ogueta echó humo en el tramo final de un partido en el que Eulate y Xala también se impusieron en la batalla de las gradas
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Unai Larrea Gasteiz
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SE LO EXPLICABA media hora antes de la final, cuando había más gente en el bar del Ogueta que en los graderíos, un amigo que debía de entender de pelota (por el modo en que agitaba su "gin-tonic" y por el tamaño de su Cohiba) a otro que tenía pinta de primerizo (por su botellín de agua y por su cigarrillo rubio): «Si lo de hoy fuese un partido de fútbol, Xala y Eulate serían el Barcelona, los "jugones", los del "tiki taka", los que parten con la idea de acabar el tanto en los cuadros alegres, con un "dos paredes", una dejada o una volea al ancho, es decir, dando espectáculo; y Olaizola y Beloki serían el Chelsea, un gran equipo con grandes jugadores, sí, pero cuyo plan consiste en cansar al rival, sin importarle lo más mínimo jugar al pelotazo, es decir, cargar todo el juego al zaguero rival, en este caso Eulate, hasta forzar su error». La comparación quizás estuviera inspirada por la presencia en el frontón gasteiztarra de Gonzalo Antón, José María Arrate e Ignacio Ugartetxe, ex presidente del Alavés el primero, del Athletic los segundos. Porque, puestos a profundizar en el símil, las paredes eran verdes como el césped; hubo protestas para los jueces (por un par de cruces de Olaizola, por un saque de Xala que anularon por "pasa" con el 20-17 en el marcador) como las hay para los árbitros; había un fondo, el del rebote, repleto de animosos hinchas (los de Eulate, qué energía la suya); y el partido duró 91 minutos, es decir, el tiempo reglamentario más un minuto de prolongación, el de la gloria. Para entonces, el graderío superior del Ogueta, el de las entradas más asequibles, el de los aficionados más jóvenes y animosos, echaba humo, y ésta no es ninguna metáfora. Que es ilegal fumar en el frontón todos lo saben, pero a ver quién es el guapo que le mete mano al asunto. No era eso, el humo, lo que más llamaba la atención allí arriba, sino su olor. No era cuántos fumaban, ni cuánto, sino qué. A más de un fumador pasivo le entró una alegría en el cuerpo que ni Pierrot e Yvette, los padres de Xala, felices cuando su hijo se caló su segunda "txapela". Otro hijo, el de Beloki, Imanol, también estaba allí, a tres metros, sentado con "aitite" y demasiado pequeño aún para entender por qué gritaban de aquella forma aquellos hombres vestidos con chaquetas verdes y granates que no se cansaban de lanzar pelotas de tenis hacia el graderío.
Juan Martínez de Irujo trabajó durante la final. No la jugó, pero sí la comentó para Radio Euskadi, y no ocultó su preferencia por su gran amigo Martínez de Eulate, con el que un año antes conquistó el campeonato. Más imparcial, pues ésa fue siempre su bandera, se declaraba Fernando Castro, periodista que cubriera la información de la pelota en DEIA durante dos décadas y a quien defraudó el partido por su escasa calidad, como a su hijo, Fernando Castro. Más le gustó la final a Pampi Ladutxe, pues por algo fue el descubridor de Xala. No fue el de Iparralde el único pelotari, en activo o en el retiro, que se acercó al Ogueta. Por allí andaban, entre otros muchos, Miguel Gallastegi, Aimar Olaizola, Alberto Beloki, Koteto Ezkurra, Berasaluze IX, Rober Uriarte, Pinedo o Aitor Zubieta. No faltó Julio Ibarra, director de Comunicación de Metro Bilbao, quien departió antes del partido con Fernando Palacios, hijo del legendario Ogueta, y con el cantante zornotzarra afincado en Gasteiz Mikel Urdangarin, al que esperaban Aitor y Saioa (que pudieron hacer una escapadita al encargarse "amama" de Beñat) y que a su vez habían quedado con Eider, con Josu y con los elegantes padres de ella.
El empresario Luis Benito Nalda (su hijo, Iñigo, jugó ayer con Titín y ganó el primer partido del festival) compartió el graderío inferior, el bueno, el caro, al que muchos acuden para ver y para ser vistos, con los políticos: con el popular Carmelo Barrio, con el socialista Gregorio Rojo, presidente de la Caja Vital, y con Iñaki Galdos, de Eusko Alkartasuna. Desde su localidad, éstos sólo pudieron leer una pancarta, premonitoria, «Eulate Txapeldun!», pues las demás colgaban sobre sus cabezas: «Aupa Axier, berriz txapela Goizuetara!»; «Oteitza Eulaterekin»; «Aupa Pellotari!» (por Pedro Martínez de Eulate), «Aupa Axi ta Ruben!»; «Aupa Peio, aupa Xala, Txap"Heldu"nak» (jugando con el lema de la Korrika)... Tampoco faltó la reivindicación: «Trebiño Araba da». Los hinchas de la pareja Xala-Eulate ganaron la batalla de los graderíos, no demasiado original, la verdad sea dicha, pues el asunto se limitaba a gritar de modo alterno el nombre del pelotari preferido. Yves y Pedro, sobre todo el navarro, ganaron por goleada.
La final nada tiene que ver si uno la sigue desde el graderío inferior o desde el superior. Abajo se localizan el "montecristo", el "gin tonic", el dinero y la apuesta; arriba, el "canuto", el "kalimotxo", la pasión y el paisanaje. En una y en otra ubicación ganaron quienes animaron a Xala y Eulate, fuera cual fuera el motivo: abajo, el dinerito; arriba, una excusa para seguir la "chufla", para seguir brindando con humo por los del "tiki taka".
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| Los seguidores de Pedro Martínez de Eulate, los más jóvenes, ruidosos y animosos, ganaron de calle la batalla de las gradas. Asier Bastida |
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| Arriba, Aimar Olaizola, en compañía de su novia; en la imagen central, Gregorio Rojo; sobre estas líneas, José María Arrate. Angel Ruiz de Azua |
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