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Xala y Martínez de Eulate se abrazan a la conclusión de la final tras derrotar por 22-18 a Olaizola I y Beloki. Con la de ayer ambos pelotaris obtuvieron su segunda txapela en el Campeonato de Parejas. Asier Bastida |
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Olaizola - Beloki 18 Xala - Eulate 22
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Xala encuentra otro río
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El delantero de Lekuine y un sufridor Eulate resisten las brutales embestidas de Olaizola I y Beloki para lograr la txapela del Parejas
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César Ortuzar Gasteiz
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El Ogueta tiene carácter. Es un río de aguas violentas, revoltosas, bravas. Un capricho de la naturaleza al galope que parte la ciudad. Rápido y turbulento. Efímero y volátil. Repleto de giros y curvas afiladas. Una senda líquida y peligrosa. Un escenario de miedo, pero también de felicidad. De gloria. De Xala. El de Lekuine encontró otro río para sentirse dichoso. Entre piedras fuertes y paredes verdes. No está al lado de casa pero bien merece un paseo vespertino. Xala se fue de pesca. Es un experto. Leyó perfectamente la corriente, siempre dispuesto a cambiar el curso del río cuando éste se enfadaba y trataba de engullirlo a él y a su compañero Eulate, que le acompañó a descubrir la felicidad. Otro paraíso. Un nuevo reino. El río, agitado por las explosivas cargas de Olaizola I y Beloki, a punto estuvo de llevárselos al fondo. Sin embargo, sortearon su mala idea, aferrándose al orgullo. A la vida. Cuando la corriente más azotaba, Xala, que conoce los secretos y los entresijos de los afluentes, tiró con fuerza del sedal de la supervivencia hasta ser nuevamente feliz. Como en Lekuine. Como en casa. Abrazado, riendo, a Pedro Martínez de Eulate, su amigo. Su compañero de pesca.
Yves, un delantero de idas y venidas, como el Guadiana, otro río, resolvió. No resultó fácil el empeño. Pero supo ser paciente. Sereno cuando tuvo que serlo. Condición de pescador. El de Iparralde apareció súbitamente en el momento en el que a Asier, con el marcador 17-14 favorable a sus intereses y a los de Rubén, le temblaron las piernas y se le encogió el brazo que con tanta soltura soltaba buscando la zaga. Entonces Xala retornó al cauce que había marcado al principio y desentrañó un nudo complicadísimo. Mayúsculo. Colaboró en ello la repentina resurrección de Pedro Martínez de Eulate. Al de Lizarra le habían clavado en la cruz Asier y Rubén con tanto pelotazo. Le quedaban un par de suspiros para expirar definitivamente. Sin embargo, aguzó el oído y escuchó las gargantas de Oteiza. Todas en manifestación. A una. Un coro de voces empujando cada brazada. Proteínas para el espíritu. Rebuscó, veloz, en la nevera de las energías y encontró un par de trozos para seguir bombeando el corazón. Suficiente. Xala se había enchufado nuevamente y atosigó la defensa del delantero de Goizueta. Le sacó de sitio y le llevó al callejón de los errores. Le acompañó Beloki. Los dos navarros fallaron también antes, al comienzo. Entonces tenían tiempo. Ocurrió, empero, que con el partido corriendo hacia el final, los errores se convirtieron en afilados cuchillos que desangraron rápidamente a Asier y Beloki. Heridos de muerte en el río de la felicidad. El Ogueta. ¡Qué paradoja!
Lo que bien empieza...
La final se desperezó estresada. Con el paso cambiado. Volteada. Xala y Eulate marcaron el destino. El de Lekuine, atento, manejaba el partido a su antojo. La volea fue su bastón de mando, la turbina de despegue. Beloki no se asentaba y Asier estaba con la bomba de achique, tratando de que su parcela no se inundara. Para cuando sus ojos miraron al marcador vieron un abismo: 3-9, 6-11. Xala bailaba y Eulate arrimaba lo suficiente para molestar a Beloki, incómodo. Los de Aspe alcanzaron el meridiano con alegría. Hasta que un alarde de creatividad del zurdo de Iparralde en forma de gancho se fue a la contracancha.Cambio de pelota. Nuevo escenario.
Olaizola y Beloki cargaron con todo. Pim, pam, pum. Dictadura de derechas. A Pedro se le acumuló el trabajo. Dos contra uno. Xala sufría tortícolis de tanto mirar al cielo y a la zaga. Si antes tenía las puertas abiertas, ahora dos "machacas" le impedían la entrada a la verbena que él mismo había montado. Y claro, el de Lizarra fue cediendo. Agotando combustible mientras Olaizola I y Beloki crecían sin parar. Igualaron a 12 y continuaron fustigando a Eulate, que le pesaba la pelota, a un paso de la claudicación. Asier y Rubén se fueron al 17-14. Al territorio de los sueños. A acariciarlos. Un susurro enorme surgió del rebote. Las voces interiores que removieron a Eulate. El de Lizarra gritó, encorajinado, y Xala acudió al rescate, con los aparejos de pesca.Giró el carrete. Tiró del sedal y pescó felicidad. |
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