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El argentino Coti saca hoy lunes a la venta su nuevo disco, "Gatos y palomas". Archivo |
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«El éxito me ha liberado»
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Coti El argentino edita el ecléctico "Gatos y palomas" hoy lunes tras vender más de trescientas mil copias de su disco anterior
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Andrés Portero Bilbao
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«MEDIO VALS, medio ranchera, ponle el nombre que quieras: rumbita o rock & roll», canta Coti en una de las canciones de "Gatos y palomas" (Universal), su disco de regreso, que se edita hoy lunes tras haber vendido más de 300.000 copias de su trabajo anterior y cuenta con la colaboración de Ariel Rot. De todo ello hay en el cd, además de funk, reggae y el tango que el argentino escuchó en su niñez. «No he notado demasiados cambios a pesar del éxito, sólo más libertad», asegura Coti, que entrega canciones sobre «el ser humano, el bicho de ciudad más grande y dañino, aunque también el más solidario».
Vuelves con el single "La canción del adiós". Curioso porque es la del reencuentro tras bastante tiempo sin canciones nuevas.
Es una casualidad su elección como single, aunque sí supone el reencuentro tras dos años del último disco, que sólo tenía tres inéditos. Ha sido una temporada de mucho trabajo, con muchos conciertos. No me fui en ningún momento (risas).
El éxito del disco anterior, el de colaboraciones de Paulina Rubio y Julieta Venegas, fue casi inesperado. Era como un repaso a viejas canciones que, en su mayoría, habían pasado desapercibidas.
Sí, pero lo importante es estar preparado para que te vaya lo mismo bien que mal. El éxito exige muchas cosas, aunque yo no he notado demasiados cambios. El éxito ha sido poder sacar cuatro discos en un lustro y haber encontrado un montón de gente a la que le gusta mi música y mi manera de escribir.
A veces tiene que ver con la suerte, también.
Sí, porque esas canciones recuperadas ya se habían publicado antes. La casualidad también influye... Del éxito se podía hablar largo y tendido, pero hablemos mejor del disco nuevo (risas).
A ver, véndemelo.
No es eso. Charlar sobre él no es venderlo. Lo vendes cuando lo haces y lo cantas. Además, hablar no es lo mejor que sé hacer. Y menos sobre lo que hago. Lo importante es el disco y sus canciones. A veces, me dan ganas de decir: "no me preguntes tanto y escúchalo".
¿Has trabajado en este disco con más presión después de haber vendido más de 300.000 copias del anterior?
No, todo lo contrario, me he sentido muy libre haciéndolo. Está creado con total libertad, con las canciones elegidas por mí y hasta me decidí a producirlo yo. No he notado ninguna presión y hasta me he dado el lujo de elegir para single una canción con un estilo de música con el que no se me liga mucho, con canciones que sí tienen mis discos pero que no suelen sonar en las radios.
De ésas también hay varias en el disco.
Sí, hay temas que tienen que ver con mi lado más popero y rockero, claro, pero elegí "Canción del adiós" para que se viera mi otra cara, más tranquila e introspectiva.
Hay canciones que me siguen recordando a las inflexiones del Dylan de los 60 y guitarras a lo Byrds. Quizás estás sacando a flote tus influencias, la gente de la que más has aprendido.
Sí, tienes razón. Y es un disco más libre porque me he dado muchos permisos artísticos, más que antes. Es un trabajo más polarizado, en el que el rock suena más rock y hay más crudeza en algunas letras. Hacer un disco grabado en estudio te permite sonoridades más abiertas y diferentes. En el directo, el sonido es más uniforme, sigue la misma línea. En estudio hay más posibilidades de jugar y de mostrar tus influencias. Por eso, en este disco hay bandoneones, mucha orquesta de cuerda, guitarras de doce cuerdas, guitarrazos, funk, reggae, tango, temas "stonianos", un homenaje a Travelling Wilburys... No me gusta intelectualizar las influencias, dejo libre mis influencias.
«Medio vals, medio ranchera, ponle el nombre que quieras, rumbita o rock & roll», cantas. Esa frase puede definir todo el disco en el plano musical. ¿No crees?
Exactamente, ésa es la frase. Me da igual lo que digan sobre los estilos. Lo importante es que lo digo a mi modo, a mi manera.
Hablabas de la polaridad antes y también se expresa en el título del disco, "Gatos y palomas". Todos somos unos u otros, según el momento ¿no?
Claro. Va de los bichos de la ciudad, que somos nosotros. Los más grandes y los más dañinos. También los más inteligentes. El ser humano tiene esa parte gatuna, noctámbula y tramposa, pero también el lado volador y pacifista. Con eso tiene que ver, con la sugerencia de libertad y de paisaje ciudadano que ofrece.
Has producido tú el disco, pero has colaborado con Nigel Walker.
Ha sido el mezclador, aunque es un grande de la producción. En este caso, el trabajo previo lo hice todo yo. Él llegó al final. Fue valiente por ambas partes porque no había escuchado ninguna canción. Eso deja clara su confianza hacia mí, además de su talento.
Has grabado con tu grupo habitual y tocando en el estudio casi en directo.
Sí, es un disco de estudio pero grabado en directo. Tiene un concepto distinto al habitual, de empezar por la base de batería y bajo, e ir añadiendo instrumentos. Es un concepto muy años 60.
A lo Dylan, que empezaba la canción en aquellos años y los músicos le tenían que seguir.
Parecido. Si te digo la verdad, lo hicimos en diez días, pero pudimos haberlo grabado en tres. No habría cambiado demasiado. Lo que suena es lo que tocamos nosotros. Un grupo con tres guitarras que se va intercambiando los trastos, además de piano, Hammond, bajo y batería. Eso es todo, al menos la base, una sonoridad de rock de toda la vida. Luego hay arreglos de la Orquesta de los Tejados Porteños y bandoneón.
Y están los estudios Abbey Road, mitificados por Beatles.
Sí, está como lugar místico y catedral, abadía. Le dio un toque mágico al disco. Es un relujo que me he podido dar gracias al éxito.
Ligas el éxito con la liberación.
Es que el éxito te acaba liberando y permitiendo hacer lo que deseas. Te permite ser más tú y te da más medios, instrumentos, estudios, colaboraciones...
Y ahí, en esa familia musical, está Ariel Rot. Ya en tu debut estuvo Calamaro.
Es como cerrar el círculo, sí. Él es el invitado de lujo, junto al arreglista de la orquesta.
Los textos hablan mucho sobre el tiempo, las despedidas, los viajes... Es lógico, tú estás a caballo de Argentina y España.
Hay canciones escritas desde la nostalgia, la realidad, estados inconscientes, la melancolía y la felicidad. Si el compositor es medianamente bueno, tiene que ser capaz de escribir desde y sobre cualquier estado de ánimo.
La letra de "El emigrante" es fuerte.
Sí, dice "soy extranjero, pero no tengo la culpa de lo malo de este país". Es el sentimiento del emigrante, del de hoy y el de siempre. Es la sensación de dejar tu tierra y sentirte de prestado donde estás, como un ciudadano de segunda.
Cantas también "no se puede evitar que cambie todo, como cambio yo", pero eso no lo ha hecho, por desgracia.
Tienes razón... hay cosas que no cambian y, en general, son las malas, las que generan muerte y marginalidad. |
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