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José Luis Rodríguez Zapatero aprovechó la sesión de ayer en el Congreso para tomarse un café e invitar a dos. Efe |
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¿Café para todos?
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Si la hora del "cafelito" es sagrada, su precio se ha convertido en cuestión de culto y noticia de informativos despues de que el presidente del Gobierno español apuntase que es de 80 céntimos.
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Jose Uriarte
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DEBE SER que la cafeína excita a las masas. La "interview" televisiva de cien ciudadanos a Zapatero fue vista -seguirla completa es otra cosa- por casi seis millones de personas en el Estado, es decir, uno de cada tres telespectadores; y por el 25% de los televidentes de la CAV, que ya son televidentes. En este caso, además, sólo otro programa logró más audiencia. Adivinen. "Cámara Café" concentró el 29,4% de cuota de pantalla. Así que lo del excitante debe ser cierto... a falta de emociones más fuertes.
En cualquier caso, las cien preguntas previstas se quedaron en medio centenar, puesto que el presidente español no dejó de serlo en sus respuestas, tan largas como de habitual y tan etéreas como el aroma de un buen café en el que no se moja nada, ni siquiera un bollo. Y curiosamente fue un "cafelito" lo que despertó a la audiencia. Su precio, para ser exactos. El navarro Jesús Cerdán, de 51 años, a quien, según confiesa, le hacen falta hoy en día 60 euros para gastos semanales cuando antes se arreglaba «con cinco mil pesetas», o sea, la mitad; puso la pregunta de la noche en el aire: «¿Cuánto vale un café en la calle? ¿Sabe usted contestarme?». Zapatero apenas dudó. «Sí, 80 céntimos aproximadamente».
El presidente del Gobierno español, a quien Jesús replicó con un clarísimo «eso era en tiempos del abuelo Patxi», sabe lo que a él le cuesta un café, pero no atendió a la última parte de la pregunta de Cerdán: «en la calle». Los «ochenta céntimos» se "apoquinan" en la cafetería del Congreso, 72 céntimos concretamente. Claro que la respuesta de Zapatero tiene en el defecto la virtud. Si bien no está al cabo de la calle del importe de la vida de la gente, que es mucho, también denota que a él le cuesta casi tanto tomarse un café lejos de la oficina, es decir, más allá de la Carrera de San Jerónimo. O, todo lo contrario, que no los paga salvo en sede parlamentaria. Ayer, entre bromas, se tomó otro en el Congreso e invitó a dos. Por compensar quizás.
Mientras, don Jesús no quiso desvelar sus preferencias políticas pero sí que toma el café «cortado» y abona por él «entre 1,10 y 1,20» y restó importancia al revuelo al decir que «no es mas que una anécdota. Le atrapé, pero todo el mundo tiene un despiste». Eso sí, Cerdán dejó claro que el "caféconleche" del presidente, dicho esto sin personalizar, o sea, por el que va en taza; es barato por cuanto viene a costar no menos de un euro salvo en centros oficiales y clubs de jubilados. Alcanza incluso 1,50 euros en cafeterías de cierto postín tanto en Madrid como en Catalunya o Euskadi. ¿Será ése el verdadero café para todos del que hablan tanto? |
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