Trámite Iñigo Lamarca presentó ayer en el Parlamento vasco su informe anual
Quejas Varias familias recurrieron la decisión foral de denegar una adopción por la edad
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El gobierno vasco quiere flexibilizar las condiciones de las familias vascas para los procesos de adopción y pretende establecer como límite de edad máximo para ser padres o madres adoptivos los 44 años de diferencia con el pequeño, en lugar de los 42 actuales. Sin embargo, esta medida no es suficiente para el Ararteko, Iñigo Lamarca, que en su informe anual recomienda que la diferencia generacional sea un factor a tener en cuenta, pero no excluyente.
«La edad de las familias adoptantes influye de maneras muy distintas sobre las relaciones, ya que también dependen del resto de circunstancias psicosociales», explica.
De esta manera, el Ararteko se suma al debate que ya está sobre la mesa sobre la posibilidad de eliminar el límite de edad como requisito "sine qua non" para lograr el certificado de idoneidad, primera puerta que debe abrirse para lograr cualquier adopción.
La reflexión del Ararteko llega después de recibir «varias quejas» de familias para las que la edad se ha convertido en un obstáculo en su proyecto de adopción. Tal es el caso de una pareja guipuzcoana a la que le fue denegada la adopción de un cuarto hijo -ya tenían una hija biológica y otros dos adoptados- por superar el límite de años.
Todo ello pese a que, según destacó la Diputación en su informe, «los solicitantes se encuentran en un momento vital de alta competitividad para desempeñar labores parentales». ¿La razón? «Su deterioro físico y psíquico les llegará a una edad similar que al resto de su población de referencia», citaba el informe en referencia a los 51 años de edad de la madre, 48 más que la niña de tres años que querían adoptar en China.
La decisión institucional fue criticada por el Ararteko que instó a la Diputación a hacer un «juicio integral e individualizado de todas las circunstancias que recoge el informe psicosocial de esta familia». Un estudio que, entre otros factores, destaca el hecho de que la hija biológica de esta pareja, de 30 años de edad, «se ofrece para asumir la tutoría de la niña que sea adoptada por sus padres, si fuera necesario». Asimismo, también resalta la imposibilidad de que la nueva hija tenga más de 3 años ya que debe ser menor que los pequeños que ya viven en el hogar «para que no altere el orden natural de los hijos en la familia».
El Ararteko se ha encontrado con otros casos similares al de esta pareja guipuzcoana. Es por ello que recomienda «dejar sin efecto la exigencia de que la persona adoptante tenga como máximo 42 años más que la adoptada como requisito de idoneidad».
A su juicio, «lo razonable sería estudiar cada caso de forma individualizada y pormenorizada, aunque cueste más trabajo». Reconoce que, efectivamente, el paso de los años produce mermas en las capacidades físicas y psíquicas de las personas, hay riesgos de desajustes emocionales por la incomprensión generacional e incluso la posibilidad de perder a los padres adoptivos a una edad inmadura puede hacer rememorar el trauma del menor del abandono de sus padres biológicos. Sin embargo, también recuerda que «en muchas ocasiones, la madurez, junto con lo meditado de la decisión de la paternidad, proporcionan un marco más seguro e idóneo para favorecer el desarrollo pleno de la personalidad del adoptado». |