NO HACÍA falta pagar en especie a la Bruja Lola para adivinarlo. Aquí de-saconsejamos en varias ocasiones el recurso de la manifa, e incluso el mismo domingo subrayamos lo intempestivo de la cita del lunes ante el Palacio de Justicia. Como era de esperar no nos hicieron caso, y al final la bronca dio en gresca, la gresca rompió en tifostio y el tifostio tocó su fondo moral y estético en la patada testicular. Si no fuera tan chungo lo tacharíamos de muy chusco. Cuando una concentración en defensa del diálogo termina con un pie clavado en los huevos del adversario, sólo queda optar por dos caminos: suspender estas convocatorias hasta que todos los convocados asuman de veras que castrar al prójimo no lleva a ningún sitio; o tomar un célebre atajo local, a saber, el reparto de tortas sin complejos ("¿para qué discutir si podemos arreglarlo a ostias?") Huelga añadir -¿y entonces por qué lo añado?- que abogo por la primera senda.
Cuentan que hubo insultos previos, fuego libre y cruzado de salivas. Lo que se llama "sacar el conflicto de las calles", vamos. Lo que no hubo es el famoso bando de Azkuna contra las peleas. Es verdad que algunas palabrotas las inventó el diablo, pero cuando la tea del odio viene encendida de antemano no requiere expresión oral, los sordos también se queman. Y es que las sílabas portan bilis como rocío los caracoles, y hasta el sujeto más pausado carga de pronto la chimbera de su garganta. Hay encuentros, pues, de los que urge ausentarse porque saltan chispas de lava, sea en los Jardines de Albia o en el campo del Betis. Al guarachero cubano Ñico Saquito le gritaron una noche "gato", y eso bastó para que se sintiera muy ofendido "porque el gato caza ratones, el ratón come queso, el queso se hace leche, la leche la da la vaca y la vaca tiene tarros", o sea, cuernos. Con esto quiero decir que mucho cuidado con agitar las susceptibilidades.
Miljenko Jergovic, un escritor de Sarajevo, sostiene que en ningún lugar del mundo se lanzan esputos como allí. Al parecer los más imaginativos son los relacionados con el progreso. A modo de ejemplo cita una maldición que surgió al calor de la nueva maquinaria agrícola de Los Balcanes: "¡Ojalá corten a tu hijo con una motosierra y apilen sus pedazos en el sótano para el invierno!" Por desgracia la guerra hizo realidad aquellos augurios retorcidos, y eso no mola nada. Así que tengamos calma y haya tila o, como dijo aquél, ¿quieres hacer el favor de hablarme cuando te escucho?. ¿Hace un chirri? Por la paz o porque es jueves. |