LA AVERÍA en una turbina de vapor recortó a la mitad de las previsiones la generación de energía eléctrica en la planta de Zabalgarbi durante el pasado año, que se quedó en 350 millones de kilovatios por hora. El diputado de Medio Ambiente, Iosu Madariaga, reconoció ayer en su comparecencia en Juntas Generales que «ha habido problemas técnicos, el más grave con la turbina general, que ya funciona ahora a pleno rendimiento». Sobre la reparación, aclaró al socialista Isaac Fernández que «no ha implicado desembolso alguno porque la turbina está en garantía».
El apoderado de Ezker Batua -formación que solicitó las explicaciones de Madariaga- José Ferrera, denunció que «los problemas han durado más de lo que nos quieren hacer creer», en concreto «entre noviembre de 2005 y noviembre de 2006 la planta permaneció cuatro meses inoperativa, a lo que el diputado replicó que «la situación de parada técnica se produjo sólo un mes».
Ferrera lamentó «que en su momento no se informara a las instituciones de los fallos». Por eso, otorgar el control de Zabalgarbi a las administraciones públicas incrementando su presencia en el accionariado -actualmente poseen el 43%- crearía «un cauce directo de información» y generaría a su vez «más confianza», afirmó el portavoz "popular", Arturo Aldecoa, y coincidieron el resto de grupos.
La comisión también abordó la ampliación de la planta que concluiría en el año 2012 con un presupuesto de 132 millones de euros. Mientras que Ezker Batua se pronunció en contra, ya que «los presupuestos del departamento hacían ver que la obra no es necesaria», Madariaga declaró que se trata de una infraestructura «imprescindible para producir energía eléctrica después del tratamiento de los residuos, evitando su vertido».
220.000 toneladas
A lo largo de 2006 Zabalgarbi gestionó 220.000 toneladas de residuos, de las cuales 43.500 fueron escorias, 9.770 cenizas y 4.860 chatarras. Respecto a las garantías medioambientales, el Gobierno vasco supervisa directamente las emisiones a la atmósfera conectando en tiempo real con los analizadores en continuo, así como por medio de las muestras realizadas periódicamente en la chimeneaantes y después de la depuración.
Además, tres cabinas controlan la calidad del aire en Arraiz , Alonsotegi y Larrazabal, otra torre verifica los parámetros meteorológicos y tambiénse miden metales pesados, dioxinas y furanos en aguas, suelo, vegetación y aire, donde también se analiza el fluoruro de hidrógeno. Estos datos indican que las emisiones se sitúan «muy por debajo de las normativas medioambientales europea y estatal». |