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El BBVA deslocaliza más de 1.000 puestos de trabajo en Bilbao
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Baleren Bakaikoa
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Este titular que puede parecer alarmante es sencillamente lo que ha ocurrido con la deslocalizacion que ha llevado a cabo el BBVA en Bilbao, llevándose todos sus servicios centrales a Madrid y que ha supuesto la desaparición de seguramente más de 1.000 puestos muy cualificados de trabajo. No hay empresa en Bizkaia, ni de lejos, que haya practicado una deslocalización de esta envergadura, y eso sin tener en cuenta las empresas filiales y las participadas del Banco, destacando por su importancia Naviera Vizcaina y Petronor, vendidas a Repsol; Aurora Polar vendida a Axa; y recientemente la participación de Iberdrola aprovechada para ser comprada por el Santander, y así un largo etc.
El efecto devastador sobre la economía vizcaina puede ser fácilmente apreciable. Imagínese cuantos cuadros de la Comercial o de la UPV supone esa sangría, el efecto sobre proveedores locales, creación de empresas que trabajen en su orbita, financiación de otras nuevas, sin olvidar el efecto tributario de todas ellas, y en definitiva, el que Bilbao hubiese seguido siendo una destacada plaza financiera con lo que ello supone de generación de riqueza para todo el entorno.
El proceso ha sido lento, en varias décadas. Empezaron tímidamente a finales de los 70 los Bancos de Bilbao y de Vizcaya. En el caso del Banco de Bilbao el impulsor de esta política fue su antiguo presidente José Angel Sánchez Asiain, baracaldés deseoso de triunfar en la Corte. Fue bajo su mandato cuando se erigió el edificio Azca de Madrid, destinado a trasladar los servicios centrales del Banco de Bilbao, al mismo tiempo que desestimaba la compra del edificio colindante al Banco en la Gran Vía bilbaína y que estaba en venta. Naturalmente contaba con la colaboración del consejo, al que tampoco le desagradaba la idea. En los 80 el Banco de Vizcaya, presidido por Pedro Toledo, dejó desierto el Centro de Informatica de Sarriko para trasladarlo a Tres Cantos (Madrid).
La posterior fusión entre ambos bancos y que dio lugar al BBV, precipitó aun más las cosas. No eran grandes decisiones empresariales, pues trasladarse 400 kms. de Bilbao a Madrid, no parece un viaje estratégico de largo alcance, como lo podía haber sido trasladarse a los grandes centros financieros europeos como Londres, Frankfurt o Milán. Era una terrible mezcla de provincianismo madrileño, unido a una desafección profunda por este país mantenida por las mediocres segundas y terceras generaciones de Neguri.
La debacle final ha venido de la fusión con Argentaria, propugnada por el Gobierno del PP y auspiciada y consentida por un irresponsable Emilio Ybarra, máximo responsable del desaguisado final. Todo ello impulsado por un centralismo feroz, especialmente de la mano de Rodrigo Rato y los últimos gobiernos de Aznar.
No deja de ser curioso también el silencio que ha rodeado a esta enorme operación de desmantelamiento: La prensa local no ha dicho absolutamente nada en 30 años. Ello no le impide ser muy suspicaz cuando hablan de la fusión de las cajas, estar siempre preocupados por algún tema menor o no entender nada cuando algún comentarista decía que Arzalluz (aquí aparece la patita política que no económica), no defendía a Iberdrola por ser este partidario de la fusión con Gas Natural, cuando dicha fusión hubiese garantizado al menos el mantenimiento del centro de decisión en Bilbao de la parte del negocio eléctrico de la nueva compañía; los sindicatos, ELA y LAB incluidos, con gran visión, se han ido encartelando en las juntas generales de accionistas, con loables reivindicaciones como la cancelación de la deuda del tercer mundo o cosas por el estilo, mientras ante ellos desmontaban y deslocalizaban el Banco en Bilbao; en cuanto a las instituciones, poco han hecho o habrán podido hacer por tratarse de una empresa privada, pero destaca el que en su momento, la Diputación de Bizkaia, muy preclara ella, le nombró a Sánchez Asiain "hijo predilecto de Vizcaya". Sería por su contribución a desertizarla. Que diferencia, por poner sólo un ejemplo, a la numantina defensa hecha por el PP y todos sus medios para impedir la marcha de Endesa de Madrid a Barcelona.
Quizá quede todavía el último acto de este lamentable proceso: por primera vez en su historia, el Banco ha celebrado su Junta General de Accionistas un viernes en lugar de sábado y sin la asistencia de los altos directivos que venían a Bilbao de todo el mundo. Todo parece indicar que es una táctica de descafeinar dicha Junta General y preparar así el traslado de la sede social a Madrid en un par de años.
Todo se ha perdido y sin ninguna necesidad. Ha sido una escandalosa historia de cobardes silencios, de desafectos y acomplejados aldeanos y de terribles presiones centralistas, especialmente de los últimos gobiernos del PP. A todos ellos les debemos la desaparición de la entidad financiera que fue y debía haber seguido siendo motor económico de Bizkaia y del País Vasco y centro de trabajo de cientos y cientos de sus más cualificados profesionales. La sociedad vasca debe tomar nota de lo ocurrido para evitar que estas situaciones se repitan y, sobre todo, debe ser consciente de que opciones políticas son las que están sacando adelante este país, generando riqueza y bienestar para todos sus ciudadanos frente a los que nada han hecho por ella.
Para terminar, señalar que en una economía globalizada, la posibilidad de que el BBVA fuese absorbido por un gran banco extranjero, quizá podría ser una buena opción. Por una parte se podrían conjugar los intereses de los accionistas que verían mejorada su posición, y, por otra parte, la sede en Bilbao sería gestionada con criterios económicos y no políticos como hasta la fecha, lo que le permitiría a buen seguro tener una presencia más significativa en el nuevo grupo financiero.
Además de Baleren Bakaikoa, firman este artículo José Manuel Castells y Luis Bandrés, todos ellos profesores de la UPV/EHU |
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