 |
|
|
 |
Ripa |
|
|
|
Euskadi tiene un Plan
|
 |
|
Iosu Perales
|
 |
Con el paso de los días, estoy persuadido que el estatuto político impulsado por el lehendakari Ibarretxe y aprobado en el parlamento vasco tiene un importante futuro. Silenciosamente, se agiganta. La razón es muy simple pero de un gran calado: más allá de matices y de posibles enmiendas, representa un equilibrio hoy posible y deseable. Contiene una propuesta que de manera razonable y no superada por ninguna otra, conjuga el ejercicio de la soberanía con la libre asociación con el estado español, mediante un pacto basado en garantías jurídicas.
No hay que ser un visionario para pronosticar que cuando sea realidad una mesa de partidos en la que por fin se discuta el modo de relación de nuestro país con el estado, las propuestas polares de independentistas y unionistas españoles se neutralizarán mutuamente; una situación de bloqueo que en el actual escenario de relación de fuerzas electorales puede prolongarse indefinidamente, a menos que una tercera alternativa -sin exigir a nadie la dejación de su propio proyecto finalista-, sea capaz de crear un espacio de convivencia que dé una satisfacción realista a todas las opciones. Exactamente esa alternativa es el estatuto también llamado Plan Ibarretxe.
No estoy diciendo que la propuesta del parlamento vasco sea perfecta. Seguramente necesita ser revisada y corregida. Tampoco cabe decir que con ella desaparecerá el conflicto, dado que probablemente permanecerá durante décadas. Lo que afirmo es que la convivencia democrática en una sociedad fraccionada por propuestas políticas dispares, debe saber encontrar espacios civilizados razonablemente incluyentes, sin que ello suponga traición a los ideales de quienes se colocan en los extremos del llamado conflicto. Nadie que tenga y use el sentido común puede pensar que las posiciones absolutas de independencia o autonomía sometida a la Constitución española, pueden tener en los próximos años y décadas posibilidades de triunfo del tipo suma cero, en el que uno lo gana todo. Por el contrario, relativizar la propia posición, gestionando bien la relación entre la ideología que nos remite al proyecto finalista y la acción política que nos pide negociar y concertar, es seguramente lo más inteligente.
Algunos analistas, portavoces políticos y editoriales, han tachado al estatuto o Plan Ibarre-txe de dogma nacionalista, oscura estratagema para avanzar hacia la independencia. Sin duda ello responde a una lectura interesada, con ideas preconcebidas y prejuicios producidos por el propio sectarismo que no se atreve pensar sobre "las razones que puede haber en el otro". En realidad, la propuesta es impecablemente democrática y garantista, de tal manera que imposibilita decisiones unilaterales de parte. Así, cuando se aborda el asunto de Navarra en el artículo 6 punto tres, la redacción es escrupulosa al afirmar que sólo la voluntad libre de la ciudadanía de la comunidad foral puede decidir su futuro. Lo que ha ocurrido, en mi opinión, es que una vez más ha tenido más peso el "quién hace la propuesta" que el contenido de la misma. Asimismo creo que el momento en que se presentó, se debatió y aprobó en el parlamento vasco, fue el peor de los momentos, toda vez que el partido socialista en diálogo con la izquierda abertzale ya aspiraba a liderar el proceso de paz y no podía admitir que el lehendakari interfiriera en sus expectativas. Pero su rechazo en Madrid sólo fue, a mi juicio, un ganar tiempo para quienes votaron en su contra. Antes o después, cuando se acalle el ruido de la política cotidiana, el contenido esencial del estatuto aprobado en el parlamento, "la libre asociación", ocupará el centro del debate, algo que no podrá hacerlo ninguna otra propuesta situada en los extremos.
La libre asociación puede entenderse como muy familiar al concepto federal de unión de voluntades soberanas. Con ella cambia la sustancia del principio de relación que en la actualidad se basa en la supremacía del "estado indivisible" fuente del conflicto que vivimos. Hay que convenir que para aquella parte política que cree en esta supremacía no es fácil transitar hacia la propuesta del estatuto o Plan Ibarretxe, pero la otra parte que somos quienes creemos en el derecho de la ciudadanía a decidir podemos ayudar y mucho, mostrando lealtad al principio de pacto y de renuncia a una acción unilateral, lo que significa asumir la interdependencia. Quien lea el texto aprobado en el Parlamento vasco con la mente limpia deberá reconocer en él esa lealtad.
Da la impresión de que aún estamos lejos de esa mesa de partidos, en parte porque la presencia de ETA impide una realidad normalizada en la que los avances y los posibles acuerdos no puedan ser interpretadas como "cesión" al papel tutelar que se autoadjudica, y en parte también porque mientras se de una moratoria de facto se otorga implícitamente a ETA una capacidad de veto sobre la esfera política. Por un lado o por el otro, en algún momento será posible el debate libre y horizontal entre partidos políticos. Hasta entonces las fuerzas políticas más radicalizadas seguirán rechazando la propuesta del parlamento, aunque en la práctica una de ellas va dando pasos, todavía insuficientes, hacia el reconocimiento de una autonomía como marco transitorio posible y el derecho de la ciudadanía navarra a decidir su propio destino. Curiosamente esta fuerza política se queda por debajo de lo que propone el parlamento que es mucho más innovador y soberanista. Ver para creer.
Y en cuanto a la otra fuerza política significativa, todavía rehén de un pacto político con la derecha cada vez más ultra, tiene por delante el ejercicio de reconocer que alimentar el monstruo como estrategia electoral sólo lleva al desastre, y que más le vale ser fiel a ese trozo de la historia en que fue sensible a la diversidad con todos los derechos. Digo que estas fuerzas seguirán rechazando el llamado Plan Ibarretxe porque en la vida política, tan mediatizada por los gestos de aparente firmeza, no pueden, o mejor dicho no son capaces de reconocer las virtudes morales y políticas de quien consideran por diferentes razones su máximo competidor. Pero esto es anécdota. Lo realmente importante es que no hay, al menos de momento, una propuesta mejor. |
|