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Breve historia del corto vasco
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Recorre un período que comenzó en 1923 con ‘‘Un drama en Bilbao’’, y llega a la actualidad, con los mejores momentos de este tipo de filmes.
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DEIA Donostia
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El primer capítulo del libro lo ocupan los cortos rodados desde 1923 a ‘‘Ama Lur’’
Para Medem, Urbizu o Aléx de la Iglesia los cortos supusieron su paso hacia los largos
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Esta publicación, que se remonta a los orígenes de los primeros cortos rodados en Euskadi, se presentó ayer en Donostia en la sede de la Filmoteca Vasca, entidad que se ha encargado de su edición. El libro ha contado también con el apoyo de la Diputación de Gipuzkoa y el departamento de Cultura del Gobierno vasco.
‘‘Breve historia del cortometraje vasco’’ recorre un periodo que comenzó en 1923 con ‘‘Un drama en Bilbao’’, de Alejandro Olavarría, considerado el primer corto vasco, del que sólo se conserva la mitad del metraje, reconociendo, eso sí, que hubo intentos anteriores pero que nunca llegaron a la gran pantalla.
Curiosamente en ese mismo año se empieza a realizar una serie de filmaciones de carácter etnográfico bajo el título de ‘‘Eusko Ikusgayak’’, realizadas por Manuel de Ynchausti para la Sociedad de Estudios Vascos - Eusko Ikaskuntza, cuyos intertítulos rezaban en euskera, francés y castellano.
Desde entonces hasta nuestros días no ha habido época o década que no haya dado sus frutos, aunque justo es reconocer que la Guerra Civil, marcó muchos órdenes de la vida y también la creación cinematográfica en todo el Estado que llega a la actualidad, con una producción que está dando sus mejores momentos a este tipo de filmes.
Auge del cine vasco actual
Precisamente, el libro se cierra con un capítulo dedicado al ‘‘auge’’ del cine vasco actual, sustentado en ‘‘Kimuak’’, el programa impulsado por el Gobierno Vasco para facilitar la difusión por todo el mundo de los cortometrajes producidos en Euskadi.
Rebordinos, que compareció en rueda de prensa junto a Jesús Angulo y responsables de la Filmoteca, dijo que el «momento fantástico» que vive el mundo de los cortos en el País Vasco tiene que ver con la «vitalidad» de los cineastas, pero también con esa «política acertada» del programa del gobierno vasco ‘‘Kimuak’’, que actualmente gestiona la Filmoteca Vasca y que se puso en marcha en 1997.
Señaló que el hecho de que los cortos vascos estén ahora «presentes en muchos sitios», incluidos los Oscar, ha llevado a los autores de esta publicación a dedicar ese último capítulo, en el que se habla también «de futuro, de esperanzas y de un camino que tiene mucho recorrido».
Este apartado lo comparten nombres los candidatos al Oscar Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga, junto a Koldo Almandoz, Asier Altuna o Telmo Esnal, representantes de una generación de nuevos directores que hacen un cine fresco y heterogéneo.
Película de referencia
El primer capítulo de la publicación, lo ocupan los cortos rodados desde 1923 a "Ama Lur", que pese a ser un largometraje, explicó Jesús Angulo, fue una película "de referencia" del cine vasco.
De ‘‘Ama Lur’’ a la generación de los 90 ocupa otra parte y la década pasada tiene también su propio capítulo, donde figuran realizadores para quienes los cortos supusieron su paso hacia los largometrajes, como Enrique Urbizu, Julio Medem o Alex de la Iglesia.
Hay un apartado, además, dedicado a los cortos experimentales y artísticos, una «variante especial» dentro de la cinematografía del País Vasco, que incluye firmas como la de los pintores Ruiz Balerdi y José Antonio Sistiaga.
La publicación cuenta asimismo con un índice onomástico y otro de películas. «Es bastante difícil encontrar un realizador cuya primera obra no sea un cortometraje. A través de las obras cortas, y en muchos casos en formatos amateurs, hemos visto el futuro de los cineastas», según Peio Aldazabal, director-Conservador de la Fundación Filmoteca.
«Este libro es un recorrido por la historia del cine vasco, de los cineastas vascos, de donde se intenta poner a la altura que siempre debió estar el cortometraje, donde algunos fracasaron, aunque muchos lograron dignamente escribir el prólogo a sus carreras cinematográficas», explica Peio Aldazabal. |
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