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El Papa Karol Wojtyla, que también padeció la enfermedad de Parkinson, especialmente en los últimos años de su papado, habría intercedido en la curación de sor Marie-Simon-Pierre, una religiosa francesa, apenas dos meses después de la muerte del pontífice. Archivo |
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El milagro de Sor Marie
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El diario "Le Figaro" descubre la identidad de la religiosa francesa cuya curación de la enfermedad de Parkinson el Vaticano atribuye a Karol Wojtyla, quien padeció la misma dolencia.
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Jacques Gelmec
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La monja francesa que, según el Vaticano, fue curada de la enfermedad de Parkinson por intercesión de Juan Pablo II en junio de 2005 y que es pieza clave en la causa de beatificación del pontífice, tiene nombre. Se trata de Marie-Simon-Pierre, una religiosa de 45 años que en la actualidad trabaja en una maternidad de París. Sor Marie, de quien no se ha desvelado el nombre civil, superó todos los síntomas del Parkinson apenas dos meses después de la muerte del Papa y tras cuatro años de síntomas y, según ha confirmado el vicariato de Roma, estará presente en la ceremonia de clausura de la fase diocesana de la causa de beatificación el próximo lunes.
El caso de Sor Marie es el principal milagro atribuido a Karol Wojtyla y ha sido puesto en el mapa de la humanidad por el diario "Le Figaro", que se hace eco de la carta que la religiosa envió al Vaticano tras su curación. La enfermedad le fue diagnosticada en junio de 2001. En esa época trabajaba en una maternidad cercana a Aix-en-Provence. No obstante, la monja escribe que al ver al anterior Papa por televisión -también afectado por el Parkinson- admiraba "su fuerza y coraje para luchar". En abril de 2005 -Wojtyla murió el día 2- la enfermedad "me devastaba", pero en mayo las religiosas de la congregación acordaron rezar al Papa difunto para que intercediera por ella. A final de mes la mujer estaba "agotada por la enfermedad" y el 2 de junio pidió a su superiora que la retire de su actividad. Antes de terminar la entrevista, la superiora quiso que escribiera "Juan Pablo II" con el resultado de que el nombre era ilegible. Esa misma noche, Sor Marie sintió la necesidad de escribir y comprobó que era legible, durmió bien y se despertó sin dolores. El 7 de junio, el neurólogo que la trataba desde hacía cuatro años diagnosticó la desaparición de todos los síntomas de la enfermedad. |
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