|
|
|
Secretos de una trama increíble
|
|
Oscar Subijana
|
|
 |
|
EL QUE fuera máximo responsable de la Dirección General de la Policía, Agustín Díaz de Mera, tiene secretitos, como esa caja de sorpresas que venden por Navidad a las niñas que juegan con la imaginación. Pero Díaz de Mera mandaba en el momento de la "conspiración" a miles de policías responsables de esclarecer un brutal atentado que segó 192 vidas inocentes. Espabilado como nadie, el personaje le dice al juez, sin un pelo de tonto, valga la broma, que no puede contarle lo que sabe porque tiene miedo de perder una fuente de información. Creo que el nivel de los sinvergüenzas subió durante el Gobierno Aznar hasta límites insospechados. Y que ahora, todos esos estómagos agradecidos, eurodiputados algunos, deben defender la teoría de la conspiración en el 11-M como si de su familia directa se tratara. Esta declaración en sede judicial deja a la altura del barro los miles de euros despilfarrados por Zaplana en chocolatinas y condones para sus amigos. «Si es que todos son iguales», me comenta un amigo. Y tiene razón. Los que trabajan para el dueño le deben fidelidad como él a ella en el matrimonio. Y nunca se puede hablar mal del jefe. Si Aznar pergeñó en su día la conspiración ETA-PSOE para sacar al PP del Gobierno, hay que romperse los cuernos y estrujarse la cabeza para dar consistencia a las teorías inventadas. «Que sean creíbles para la mayoría», gritan desde Génova, «que son tontos», rematan con prepotencia. Y otros decimos con alegría «que sigan así», que no van mal. Que defiendan una nube pasajera sin fundamento, que otros les pondrán en su lugar. Es decir, donde están. En la oposición con carácter permanente, para que cuezan en sus estómagos la úlcera de la impotencia. |
|