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Aspid que mi pecho roe
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Antonio Álvarez Solís
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Leo una columna de Raúl del Pozo –caballero que ha regresado desde un comunismo literario a una vieja idea de la hispanidad– sobre las dos clases que, según él, abarcan a todos los vascos y concluyo que la vasquidad no es materia para el entendimiento de españoles. En su artículo el Sr. Del Pozo sienta que “hay dos clases de euskaldunes”: los que quedaron “jugando a la pelota y bailando al son del tamboril en las faldas de Pirineo, que dieron buenos pelotaris y buenos terroristas, verdaderas figuras del arte de dar tiros en la nunca” y los que vienen de los “cronistas de Indias, capitanes del rey, notarios, balleneros, embajadores…; avanzada conciencia de España en la Reconquista y la aventura equinoccial”. Distribuidos así los papeles, el escritor compone la escena y sitúa en ella a Josu Jon Imaz –trasunto del navegante Legazpi, también de Zumarraga– en un canto entregado y alto. Dice de él: “Tiene la suerte de no pertenecer a la burguesía del michelín , de corte mil rayas británico y jesuítico… Ha desplazado del aparato a los fundamentalistas. Un buen tipo, demócrata, harto de la jerga del partido de las patadas en los cojones”. El partido, claro está, es el PNV, “sacristanero, arcaico, carlistón, xenófobo, tradicional, foral… madrasa y placenta de ETA”. Tras el acarreo de tanta disección, llega el cronista al corolario: “Siempre hemos pensado que la solución de ETA pasa por el PNV; ahora pasa por Imaz”. No; decididamente no entienden Euskadi. Pienso en José Jon Imaz. Como decía Don Mendo: mal tercio le ha hecho el escritor de la vieja España integrista. Supongo que Imaz no morderá la manzana que le envían desde el paraíso de la Inquisición. No puedo evitarlo. Vuelvo a don Mendo, en su venganza; pienso con él en la hora de traición: “¿Qué incoa/ mi espíritu? Lo que incoe/ ya mi cerebro corroe./ ¿Mas qué importa que corroa./ Aspid que mi pecho roe/ prosigue su insana roa”. |
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