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31-03-2007
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Las praderas de Zaro convierten el camino de Handiamendi en un paisaje siempre bucólico y lleno de verdor para el caminante. Fotos Santiago Yaniz Aramendia
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Un regalo sobre dos valles
Handiamendi, en Behenafarroa, asciende hasta las nubes entre la belleza de los paisajes del errobi recién nacido en tierra de peregrinos
Santiago Yaniz Aramendia
Handiamendi domina dos valles, mejor que domina los quiere, los mima y los admira. Handiamendi es suave y amable pero se encarama en las nubes y eso obliga a casi conquistarla si se quiere participar de sus sentidos. Handiamendi comparte simultáneamente de los paisajes de la encajada tierra del Errobi recién nacido junto a Esterenzubi y del país de Cisa, la tierra de los peregrinos.

Sepan que Handiamendi es una montaña, no de las que figuran en las agendas de los alpinistas sino de las que permanecen en el corazón de los pintores, en la memoria de los pastores o en el programa de los viajeros sin prisa. Porque tiene caminos complicados que hay que buscar y a cambio entrega descubrimiento de país, que no es poco.

Dos caminos le llegan a las alturas, los dos llegados desde las tierras bajas y ambos con fuertes pendientes para superar hasta los collados panorámicos de Handiamendi.

Duro y zigzagueante

Desde Esterenzubi trepa una pista pastoral dura y zigzagueante que es penosa de subir, tanto como de bajar. Pero desde Zaro el camino es más campestre, diverso y pastoril y se aproxima a los paisajes de Behenafarroa de un modo más dulce y amable.

Así que nuestro viaje parte desde esta aldea apartada, olvidada por los viajeros a sólo dos kilómetros de Donibane Garazi que se ha llevado el protagonismo de los destinos. Y casi mejor porque nos ha dejado un Zaro tranquilo, rodeando su pequeña iglesia, su antigua escuela y sus caseríos dedicados a cuidar buenas vascas y no peores ovejas que pastan todos sus prados mirando a las montañas de Baigorri. Desde Zaro el camino que debe emprenderse lleva cruzando su espacio urbano al cruce de las rutas de Aintzila y Eiheralarre que de paso recomiendo visitar. No se tomará ninguna de las dos rutas sino la que prosigue al centro entre ambas enfilando entre campos. Nos ayudamos del balizaje del GR, en rojo y blanco, que sigue el trazado que nos lleva y en unos diez minutos se abandonará esta ruta por la derecha siguiendo hasta otra bifurcación en la que se gira de nuevo a la derecha bordeando una gran colina herbosa delimitada por una alambrada. Entraremos en una mancha de bosque mixto que atravesamos cruzando un arroyo y subiendo un repecho antes de alcanzar el caserío Ahadoa, el último antes de entrar en la falda de la montaña. Cruzando el acceso al caserío dejamos la ruta que lleva a él en una curva cerrada que abandonamos por el costado derecho. Un sendero llanea pero lo debemos despreciar para cruzar una barrera de madera al pie de un árbol que da paso a una pista descarnada que asciende en diagonal un pastizal y nos lleva por el costado de una alambrada a las praderas que soportan la ladera de Handiamendi.

Allí las vacas se hacen mimos y los pájaros juegan con sus cantos mientras los buitres vigilan al caminante. En el horizonte comienza a recortarse la silueta de las agujas de roca de Gatarre a cuya espalda se encuentra el portentoso dolmen de Buluntza que hace tiempo visitamos en una de nuestras excursiones.

El sendero es coqueto y amable y más cuando se apoya en un mirador de roca desde el que uno parece colocarse para volar sobre el valle. Desde allí toda Behenafarroa es como un pañuelo desplegado de colinas y campos. Aún el camino trepa un poco más sobre los muros de viejas bordas y luego llega al rellano del collado de Handiaga. Apenas una loma herbosa queda hasta la cima de Handiamendi, apenas un paseo de altura para de allí ser dueño de los panoramas.

Si quieres enlazar el camino con la aldea de Esterenzubi la bajada es larga y penosa, porque desandar toda la pendiente a través de una zigzagueante pista empinada y vertiginosa puede romper hasta las piernas más fornidas. Pero posible es y para eso tienes que continuar desde el collado la pista inicialmente asfaltada hasta la primera curva donde se instala la borda de Ernaga. De allí otra pista de grava se lanza hacia el valle para concluir en el crucero de la ruta a Esterenzubi.
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