LOS "hedge" han tocado techo en EE.UU., sin embargo la industria ha encontrado un nuevo territorio adecuado para su crecimiento. Se trata de la vieja Europa. Un amplio espacio financiero, todavía por conquistar. Según datos de la consultora Hedge Fund Intelligence, en 2006, los activos gestionados por los fondos europeos aumentaron un 40% con respecto al volumen del año anterior, hasta situarse en 460.000 millones. Cifra que ha aumentado mucho el peso relativo de este territorio en esta industria global que, sin embargo, tiene ahora una configuración bastante lejana a la de sus inicios. Las nuevas cifras de esta industria dibujan ahora un panorama muy diferente, y mucho más peligroso aún, al que habitualmente suele presentarse en los medios de comunicación cuando se hacen referencias a ella. No es una cuestión de tamaño. Aunque los dos billones de dólares gestionados ya por estos instrumentos de inversión colectiva, tras haber experimentado un crecimiento del 30% en 2006, no sean una cifra nada despreciable. El número, sin embargo, es algo menos de la décima parte de los 22 billones que gestionan en todo el mundo los fondos de inversión habituales, pero su fortaleza se ve amplificada por el alto potencial financiero de sus partícipes.
Además, no son una armada de guerrilleros millonarios desorganizados. En la actualidad las tres cuartas partes del total de los activos gestionados por los hedges (1,5 billones de dólares) está en poder de sólo 351 marcas, todas ellas con fondos cuyo volumen supera los 1.000 millones. Y no sólo eso. Los centros neurálgicos de esta industria, cuyas gestoras están domiciliadas en las islas Caimán, están bien localizados. El 51,5% del total de los activos gestionados se reparte entre sólo tres ciudades del mundo: Nueva York (32,5% del total), Londres (13,5% de los activos globales, y 65,25% de los de Europa) y el condado de Greenwich, en Connecticut (con el 5,15%). |