Parece ser que el cierre de este primer trimestre del año va a dejar bastante satisfechos a la mayoría de los inversores. Atrás quedan aquellas jornadas marcadas por bruscos descensos y altísima volatilidad. Y el caso es que ya nadie se acuerda de todas las disculpas argüidas para justificar las correcciones. Sí, hombre; recordarán la crisis china, el peligro iraní, los carry traders, las hipotecas americanas subprime o de alto riesgo... Pues nada.
Una sana limpieza que ha justificado a los corazones sensibles la decisión de materializar plusvalías y permitido la entrada de nuevos inversores con también nuevos objetivos.
Al cabo, una inflación interanual española del 2,4% -medio punto más que la zona euro- y un barril Brent por encima de los 66 dólares no consiguen lastrar la confianza en unos buenos resultados empresariales de los que comenzaremos a tener noticias a la vuelta de la Semana de Pascua.
Pero como de todo esto les informan, fantásticamente por cierto, tanto Carlos Humanes como Xavier Aja y su equipo, a diario y desde estas mismas páginas, no me resisto a mencionar una estadística publicada esta semana por el portal inmobiliario facilísimo.com. Atense los machos. En España la media de ingresos anuales del trabajador es de 18.182 euros. Ese ciudadano tipo, si ostenta una hipoteca de 300.000 euros por un piso de 100 metros cuadrados y destina un 35% de su salario bruto -que sería el 50% si descontamos los seguros sociales y el Fisco- a cumplir con su compromiso bancario, necesita 47 años para cancelar la deuda y poder afirmar que ese piso es suyo. Este disparate se reduce hasta los 24 años si los dos miembros de la pareja tienen la suerte de trabajar.
Ya ven que al viejo refrán de "contigo pan y cebolla" hay que añadirle el término "hipoteca".
En el caso del País Vasco el asunto es más sangrante, pues el período se dispara hasta los 30 años, y en Cataluña casi a 33. No es de extrañar que, según otro informe publicado por la Asociación de Asesores Financieros Independientes, se estén viendo pisos a la venta con un precio inferior en un 20% al demandado hace tres meses. La falta de previsión a la hora de calibrar nuestras posibilidades sin tener en cuenta los estragos que causa un euribor alcista es lo que tiene.
Pero no nos pongamos dramáticos, pues muchos de ustedes habrán comenzado estos días sus vacaciones y otros tantos las disfrutarán la próxima semana, así que a pasarlo bien que ya saldrá el sol, aunque sea por Antequera.
Al fin y a la postre, y parafraseando a don Juan Belmonte cuando decía que se torea como se es, también se vive como se es. |