Sinopsis
El protagonista indiscutible del trimestre ha sido el sector inmobiliario estadounidense y el antiguo presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan.
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El primer trimestre de 2007 ha sufrido un importante camino de ida y vuelta en los mercados de inversión internacionales. El contraste entre las subidas iniciales de los activos con más riesgo y las posteriores caídas tuvo un paralelismo en las declaraciones del presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke el 14 de Febrero y el posterior jarro de agua fría de su predecesor Alan Greenspan. La dispar visión sobre la posible evolución de la economía estadounidense entre ambos generó caídas de hasta un -8% en apenas dos semanas en los principales índices internacionales de renta variable. De esta manera, quedó cortada la fuerte tendencia alcista que habían vivido los mercados desde el pasado otoño.
Por su parte, los mercados de renta fija, han comenzado el año con tendencias dispares a ambos lados del Atlántico reflejando los diferentes momentos que viven las áreas dólar y el euro. Así, los tipos de interés continúan su carrera alcista en la zona euro. El Euribor a 1 año, referencia de las hipotecas, continúa su escalada en la medida en que la recuperación económica se va a asentando en Alemania, Francia o Italia y el banco Central Europeo trata de reducir la liquidez en el sistema. Las subidas de tipos descontadas en mercado para el euro apuntan hasta el 4.25% incluso para finales de este 2007. En EE.UU., sin embargo, el cambio de escenario económico se ha trasladado a la visión sobre los tipos de interés, descontándose incluso las primeras bajadas de tipos después de tres años de alzas.
El protagonista indiscutible del trimestre ha sido el sector inmobiliario estadounidense y el antiguo presidente de la Reserva Federal norteamericana, Alan Greenspan, y su aparición sorpresa en el ruedo bursátil la última semana de Febrero. Los primeros síntomas del problema que el Sr. Greenspan vino a destapar se han ido acumulando de forma gradual, aunque haya tenido que ser ahora cuando el mercado se ha fijado en ellos. Durante el año 2006, la fortaleza del sector inmobiliario, tractor de la economía estadounidense (detalle común con la española), comenzó a mostrar importantes signos de debilidad: caídas en la construcción de nuevas viviendas de un -20% en comparación con el año anterior, caídas en los precios de las viviendas durante los últimos siete meses, stock de viviendas en venta en máximos de 16 años o destrucción de empleo en este sector dan testimonio de una creciente debilidad de la demanda de viviendas. La otra cara de la moneda de la actividad inmobiliaria explica esta falta de pujanza: el endeudamiento de los ciudadanos estadounidenses ha alcanzado límites difícilmente traspasables. La cultura estadounidense de consumo basado en endeudamiento, muchas veces de naturaleza incluso hipotecaria, ha llevado las tasas de ahorro anual medias para todo el país a niveles negativos no vistos en los últimos 50 años. De esta manera, la mora de los préstamos hipotecarios de mayor riesgo, incluso sin que se haya producido por el camino un repunte del desempleo, ha comenzado a incrementarse y en este momento, han saltado todas las alarmas de una posible crisis financiera y, por ende, económica. La pregunta recorrió el mercado financiero: ¿ha llegado el cambio de ciclo a la economía estadounidense?
Para responder a esta pregunta, tenemos que tener en cuenta en primer lugar que las consecuencias de los "shocks" inmobiliarios suelen tener importantes decalajes en transmitirse al total de la economía. La incertidumbre reside en el efecto que la menor actividad de construcción tendrá en la inversión en sectores relacionados y finalmente, en el propio consumo de unas familias demasiado endeudadas para continuar consumiendo al mismo ritmo. Así, nos parecen significativas las caídas en ventas de bienes duraderos de los últimos meses o que compañías como Home Depot, dedicadas a la venta de mobiliario y bienes relacionados con la vivienda sean de las más castigadas en los mercados. Así, los indicadores adelantados como los de confianza de empresarios y consumidores apuntan hacia la ralentización y a que la producción industrial en Estados Unidos vivirá una segunda parte de 2007 más fría. No en vano, el escenario en el que Alan Greenspan calificaba de «probable» una recesión se fundamenta en estos cimientos.
En resumen, la expresión que utilizábamos en los últimos meses para referirnos al futuro de la economía estadounidense sigue vigente, si bien la incertidumbre a despejar en los próximos trimestres se encuentra en la intensidad de la ralentización: ¿estamos ante un "aterrizaje económico suave" en EE.UU. o se empeñarán los mercados en recuperar la volatilidad de anteriores episodios de crisis financieras? |