«De cada cien embarazadas jóvenes sólo cinco presentan un riesgo elevado y la indicación de amniocentesis» «Con un análisis en sangre materna y una ecografía en las semanas 11-12 se detecta el Down y otras anomalías» Jose Gurrea Ginecólogo Clínica Euskalduna
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LA DETECCIÓN antes del parto de las malformaciones congénitas está creciendo rápidamente gracias a la tecnología de la investigación. Entre los factores que identifican a las pacientes que deben ser analizadas están: edad mayor de 35 años, embarazo previo con malformaciones múltiples importantes; historia de dos o más abortos con alteración importante del desarrollo fetal, entre otros.
El peligro de tener un hijo/a con alguna malformación o retardo mental aumenta con la edad de la madre (a mayor edad materna, mayor porcentaje de malformaciones). De manera que a los 40 años de edad nacerá un niño con síndrome de Down de cada 109 partos y a los 45 años uno de cada 32 partos.
Actualmente en Euskadi, el 90% de los nacimientos de bebés con síndrome de Down se dan en mujeres de una edad inferior a los 35 años. Y es que desde que Osakidetza implantara hace quince años entre sus prestaciones sanitarias la amniocentesis en mujeres a partir de esta edad las cifras de anomalías descendieron drásticamente.
El departamento de Sanidad, según ha podido saber DEIA, está estudiando implantar otras pruebas diagnósticas en gestantes menores de 35 años para detectar el mayor número de malformaciones entre todas las embarazadas asistidas en la red pública de Osakidetza.
«En Euskadi, Osakidetza tiene una política sanitaria muy prudente y sensata al realizar la prueba de la amniocentesis. Empezó ofertándola a mayores de 38 años y posteriormente rebajó la edad a los 35 años en el momento de la concepción. Esto hizo que bajaran enormemente la frecuencia de niños y niñas con síndrome de Down en mujeres mayores de 35 años, a través del diagnóstico intrauterino de la anomalía y la interrupción del embarazo en las gestantes que lo solicitan», explica a DEIA el doctor Jose Gurrea, ginecólogo de la Clínica Euskalduna de Bilbao.
Para menores de 35 años, en la actualidad en la CAV no hay ninguna política sanitaria generalizada salvo una ecografía del primer trimestre «muy poco eficaz en la práctica clínica para el diagnóstico de anomalías cromosómicas».
Esta situación ha traído un cambio sustancial. «Veinte años más tarde de la Ley de Despenalización del Aborto Voluntario, la mayor parte de los niños y niñas aquejados del síndrome de Down nacen de embarazadas menores de 35 años.».
Sin embargo, los avances científicos y tecnológicos realizados en los últimos años han permitido ofrecer a estas embarazadas una prueba sencilla, inocua y barata de seleccionar el grupo de riesgo entre todas estas embarazadas: el screening ecográfico-bioquímico. «No es una prueba diagnóstica sino una que valora el riesgo individual de cada gestante de ser portadora de un feto con síndrome de Down», explica José Gurrea.
El ‘‘screening’’ consiste en una simple ecografía en las semanas 11-12 de embarazo que permite realizar una importante medición: la traslucencia nucal. A partir de la 9 semana de embarazo comienza a acumularse en la nuca del embrión un líquido fisiológico que puede medirse. Cuando mayor sea la medición mayor el riesgo de cromosomopatía. Al mismo tiempo se analiza en sangre materna dos proteínas liberadas en la placenta materna.
«La combinación en un programa informático de la medida de la traslucencia nucal, las proteínas placentarias, la edad y el peso de la mujer le ofrece un índice de riesgo, que si es superior a 1.250, aconseja la realización de una amniocentesis», añade el doctor Martínez Compadre, especialista de la Clínica Euskalduna que realiza esta prueba hace años.
«Nuestra experiencia y la de otros colegas, como el ginecólogo Sabriá, que la han puesto en práctica en un área pequeña de Girona, confirma que la iniciativa del ‘‘screening’’ es muy beneficiosa, pero somos consciente de que somos un centro privado que atiende a mujeres muy motivadas y la coordinación del equipo se ve favorecida por lazos de interés», apostilla el doctor Gurrea, quien aboga porque se generalice el screening a todas las mujeres. «La sanidad pública también debe ofertar esta prestación -me consta que están en ello y les gustaría ponerlo en práctica pronto- porque es una prueba sencilla, barata y su eficacia puede ser elevada». |