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Un niño escribe en una pizarra poco antes de empezar sus vacaciones. Oskar Martínez |
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Hincando codos en vacaciones
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Los estudiantes iniciaron sus vacaciones con las mochilas repletas de deberes y no pueden descuidarse porque semana santa pasa en un santiamén Lo que para algunos es una forma de «no perder el ritmo de trabajo en clase», para otros es «más trabajo cuando se supone que tenemos que descansar». Lo cierto es que los alumnos de Primaria, Secundaria, ESO y Bachillerato tiene que dedicar cada día un tiempo para cumplir con los estudios porque el día 16 está a la vuelta de la esquina y tienen que llevar las labores completadas.
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Rosa Martín Bilbao
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Unos el día 30 de marzo, otros el día 4 de abril, pero todos salieron de clase con la mochila llena de libros y unos cuantos deberes para hacer en Semana Santa, en mayor o menor medida, dependiendo del colegio, o del profesor o del alumno... Desde los seis años de los más pequeños que cursan primero de Primaria hasta los de 18, los mayores de Bachillerato, volvían a casa con buen sabor a vacaciones y el "pero" del tiempo diario que sabían que deberían dedicar a estudiar estos días. Aunque los profesores no se ponen de acuerdo sobre esta cuestión. Mientras hay quienes defienden los deberes para no olvidar los conocimientos, otros piensan que pueden llegar saturar a los escolares.
Ahora, cada mañana Julen coge su carpeta y se sienta a trabajar. Es el primer año que andereño le pone deberes, pero no le importa, «porque se lo toma como un juego», dice su aita, Jon. Domina las matemáticas, «ha aprendido a hacer sumas con llevadas y le gusta». Luego, escritura y después, lectura. Estudia en La Salle de Deusto.
A su hermana, Ane, le cuesta más. Cursa primero de ESO, y «cuando le dieron las vacaciones el viernes llegó agobiada a casa, pensando en la cantidad de trabajo que tenía», comenta su ama, Olga. La cuestión es «saber dosificarse», porque, a estas alturas, ha adelantado la mayor parte.
El agobio inicial se ha traducido en un tiempo de estudio diario que no le quita el dueño. Es sincera cuando dice que «depende del día: unos días hinco codos media hora y otros hora y media». Y es que el poder del reproductor de Cd a su derecha, junto al ordenador, y el teléfono «imprescindible» a su izquierda, influyen poderosamente en su capacidad de concentración.
«Hacemos el paseíllo, como los toreros, por su cuarto, para coger el inalámbrico, que lo pilla en cuanto te descuidas, y hacerte notar. Es lo que se llama presión psicológica». Ambos progenitores confiesan que son «un poco más permisivos estos días, porque se lo curra el resto del año».
Carmen es andereño de quinto de Primaria en Santutxu y es partidaria de poner deberes, «pero con moderación». «Tengo a 25 niños en clase, y no todos tienen el mismo nivel y no todos deberían llevar la mima cantidad de deberes», afirma. De modo que la solución es exigir a todos lo mismo «y añado a los que más lo necesitan, más trabajo en aquello en lo que están más flojos».
Con el portátil al pueblo
Estibaliz ha tenido más suerte. Cursa primero de Bachillerato en el instituto Miguel de Unamuno y tiene «poco curro». «Quizá es porque estudio nocturno y nos mandan menos deberes». Tiene que hacer un trabajo de historia sobre la Segunda Guerra Mundial». Al coger la maleta para pasar estos días en Villarcayo no se olvidó del ordenador portátil. «Pretendía acabarlo antes de volver a Bilbao el viernes próximo, pero...».
Sobre la mesa de estudio del cuarto de Laura hay dos libros que tiene que leer, pero «me lo tomo con calma». Todavía tiene pendiente un trabajo de "giza" que debe hacer en común, con otros compañeros de la Ikastola Kirikiño, pero «eso lo lleva mejor -dice Mertxe, su madre- porque se mete en el cuarto con tres compañeras más... y yo prefiero no saber qué pasa. Lo que sí sé es que al final de la tarde el trabajo esté hecho».
Está en cuarto de ESO y ha traído a casa los libros de lengua, mate, inglés, euskera, cultura, ética, gizarte, y los dos libros de lectura, lo que más le agobia. «Estoy de vacaciones, y debería estar tocándome la nariz» dice un primer momento, pero cuando se pone seria recapacita: «Si no nos dan deberes, se nos olvida todo. Es lo mismo que pasa en Navidad. Es mejor hacerlos al principio para luego relajarte».
Cuando llegue el día 16 y todos vuelvan a las aulas, «te encuentras de todo: el que los hizo en los tres primeros días, el que los trae a medias porque incluso los padres están en desacuerdo con los deberes, y el que no ha tocado un cuaderno, que son pocos, pero los hay», apunta Carmen. |
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