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Un turista saca una foto desde la pasarela del Puente Colgante de Bizkaia. Zigor Alkorta |
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La declaración del Puente Colgante como Patrimonio de la Humanidad satura Portugalete de turistas en Semana Santa
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Los locales de hostelería cercanos no dieron abasto
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Diego Artola Portugalete
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El Puente Colgante se ha convertido en la puerta de embarque del turismo en Portugalete. Su renacido tirón, a raíz de su declaración como Patrimonio de la Humanidad, ha quedado de manifiesto en Semana Santa cuando la localidad colgó el cartel de completo con una inédita avalancha de turistas. «No hemos dado abasto», destaca un hostelero.
El radio de influencia del centenario monumento ha sido el epicentro turístico de la villa. La responsable del área, Dolores Ciordia, destaca la pluralidad del visitante cuya procedencia se ha ampliado en esta ocasión a todas las comunidades más allá de la clientela tradicional formada mayoritariamente por madrileños y catalanes.
La teniente de alcalde resalta la creciente internacionalización del puente, que traspasa ya las fronteras europeas. «Nos han pedido información hasta desde Irak», celebra. Ciordia justifica el tirón del transbordador a la transformación urbanística de la localidad que ha potenciado su figura. «Hasta hace 8 años el turismo aquí era impensable porque Portugalete era una ciudad trabajadora con industria, humo y contaminación», señala. De igual modo, destaca las campañas municipales en las principales ferias turísticas que han tomado la imagen del monumento como punta de lanza. «En un solo año no vendes nada», sostiene. Los resultados son concluyentes: El turismo local se disparó en 2006 en un 60%.
100% de ocupación hostelera
El Gran Hotel de Portugalete fue el principal vestíbulo de entrada de esta afluencia de visitantes. Desde este establecimiento se destaca su «satisfacción» por los índices de ocupación alcanzados con la reserva de sus 74 habitaciones el viernes y el sábado. Los buenos resultados se extendieron hasta el jueves con un 70%.
El bullicio se concentró en el inicio del Paseo de la Canilla donde los turistas llegaron a superar en número a la clientela autóctona concentrándose especialmente a las mañanas. Eduardo Gómez, gerente del bar Siglo XX, destaca como signo de identificación de los visitantes los folletos del Puente Colgante que portaban la mayoría.
Este hostelero señala que Portugalete logró incorporarse en el circuito del Guggenheim. «Todos preguntaban cómo ir a Bilbao, aunque alguno se interesaba también por los alrededores como Zierbena», señala.
Sin embargo, el maná turístico se agota en el Paseo de la Canilla en las inmediaciones de la estación de Renfe. En establecimientos como Ezpiluak el turismo supuso tan solo un 10% de su afluencia. «De él no vivimos», enfatiza su dueña Paloma Gómez.
De hecho, al turismo es un sector incipiente como demuestra el desconocimiento que arrastra todavía el Puente Colgante. «Todavía supone una sorpresa para muchos visitantes que no lo conocían», reconocen desde el hotel. Portugalete se apunta de esta manera al carro del sector turístico con la ayuda del afamado puente. |
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