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Contumacia en el error
EL PRIMER MINISTRO BRITÁNICO, Tony Blair, insistió ayer en asegurar que la intervención del ejército bajo su responsabilidad en Irak y Afganistán es correcta y está justificada. Lo hizo en la misma intervención pública que utilizó para dar el pésame a los familiares de los dos soldados británicos que murieron ayer al estrellarse su helicóptero al norte de Bagdad, muertes que elevan a 142 las bajas británicas en Irak desde el inicio del conflicto. Blair defendió la intervención el mismo día en el que morían al menos otra treintena de civiles en tres atentados. A estas alturas, al premier británico ya no le queda otra salida que persistir en el error con la contumacia de quien es incapaz de reconocer sus equivocaciones, si por tales se pueden tomar las decisiones que ha ido tomando desde que Bush decidiera atacar Irak apoyado en la disculpa de las armas de destrucción masiva.
BLAIR es un político cuya carrera ya está amortizada, pero no es el único que enarbola argumentos para justificar la invasión de Irak. Este sábado se cumplían dos meses de la implantación del plan de seguridad en Bagdad. En este tiempo han muerto, sólo en la capital iraquí, 521 personas, una cifra brutal que, sin embargo, hay quien todavía observa desde un punto de vista positivo recordando que en el mes anterior a la implantación de dicho plan murieron 1.095 personas. Pero al margen de la expresión cuantitativa de las cifras, nadie puede negar que los atentados se siguen sucediendo de forma ininterrumpida, que la fractura entre los distintos grupos sociales y religiosos es cada vez mayor y que la solución, si existe, se ve tan lejana que ni siquiera se percibe con una mínima claridad otro camino que éste sin salida en el que se encuentra sumergido el conflicto desde el mismo momento en el que Bush anunció el final de la guerra. Que a partir de esta constatación a la que no puede ser ajeno ni el más entusiasta defensor de la guerra, se pueda sostener que ésta estuvo justificada, sólo se entiende desde la perspectiva de quien maniobra al amparo de intereses que poco tienen que ver con los que dice defender.
Derecho a una vida digna
SI HAY UN COLECTIVO desfavorecido que requiere la atención de los gobernantes, ese es de las viudas. Alrededor de cuatrocientas de ellas se reunieron ayer en Santurtzi representando a las cerca de 123.000 que viven en la CAV. Piden lo que es justo: unas condiciones de vida dignas que son improbables con unas pensiones que apenas sobrepasan el cincuenta por ciento de los ingresos que disponían en vida de sus maridos. Son mujeres que por su edad les tocó vivir una época en la que el acceso al trabajo les estaba vedado; mujeres a las que las cargas familiares obligaron a quedarse en casa al cuidado de hijos y mayores; personas que al faltar el sustento económico del esposo quedaron desvalidas y en el umbral de la pobreza en muchos casos. Las suyas son historias privadas que hablan de sacar adelante una familia con escasos medios o, simplemente, de sobrevivir con unos ingresos inferiores a los que perciben otros colectivos desfavorecidos. Piden simplemente que se las tenga en cuenta y que los presupuestos contemplen su situación. Y piden, sobre todo, que no las engañen. Estamos en época preelectoral y de promesa fácil. Sólo piden recibir una mínima parte de lo que dieron. |
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