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El galdakoztarra no tuvo una buena tarde en el Municipal de Bergara donde cayó ante Koka. Iban Gorriti |
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El muro de las lamentaciones
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Oier Zearra se inmola frente a Koka, que gestionó mejor los errores en un duelo sin calidad
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César Ortuzar Bilbao
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Oier zearra se inmoló. Sin miramientos. En directo. Ante la atónita mirada de sí mismo. Y de cuantos accedieron al Municipal de Bergara. Koka no parpadeó, no perdió tiempo en detalles escabrosos porque sus ilusiones cabalgaban al ritmo de las erróneas decisiones del vizcaino. Demasiadas. Una fosa para Oier, un alivio para Juantxo. «He tomado muy malas decisiones. Me he vendido con dejadas que no tenía que haber hecho. No he aprovechado mis opciones», confesaba Zearra, fuera del Manomanista en un duelo infestado de errores. A la primera. El muro de las lamentaciones.
El zaguero de Galdakao se extravió de mala manera. Directo al precipicio. Al desgobierno. Destrozó su buen comienzo. Los primeros renglónes, perfectos. Un tropel de saques y 11-4 a su favor. Koka era incapaz de ponerse a los saques de Oier. Agujero. Un potosí. Cada vez que Zearra tomaba carrerilla para el disparo inicial, al altzatarra se le nublaba la vista. Mareado. El partido vivía bajo mínimos. Saque, tanto. El donostiarra no reaccionaba. No había traspasado la puerta del vestuario. Ajeno. Disoluto. Ocurrió, sin embargo, que Zearra tiró de él. Una invitación. «Venga, no te quedes ahí y entra». Un pellizco para despertar. Le introdujo a empujones. A dejadas extemporáneas. Carentes de sentido.
Un parcial de 18-1
El de Galdakao calibró mal a la hora de sentenciar a Juantxo Koka. Dominaba pero no finiquitaba. El peor síntoma. Oier se desvaneció. Dejó la tierra preparada para la siembra de su rival. Sin rastro de Zearra, perdido en un laberinto con las puertas tapiadas y las ventanas ciegas, el delantero hizo caja. Introdujo en la hucha alguna que otra preciosa moneda: una dejada desde la frontera del siete. Con eso y la endeble defensa de aire de Oier, le bastó. Hacia tiempo que Oier no estaba. Permanecía frente al muro. Lamentándose. |
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