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Stuart O’Grady, supera uno de los 28 tramos adoquinados que componen la París-Roubaix. Afp |
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O’Grady sale de la cueva
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El del CSC se convierte en el primer australiano que entra vencedor en el velódromo de Roubaix
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A. L. Bilbao
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Adelaida, el lugar de nacimiento de Stuart O’Grady, sufrió el pasado año una canícula de 40º durante cinco días. La ciudad sureña es un horno. Un infierno. Como gran parte del país. La australia ciclista, la de los Davis, McEwen, O’Grady... es, como quien dice, una recién llegada al mundo de los pedales. Un adolescente con talento, pero imberbe. Nada comparado con los 105 años de historia de un "monumento" como la París-Roubaix. Hasta ayer por la mañana ningún "canguro" había conquistado la prestigiosa carrera que propone un viaje entre adoquines para conectar Francia y Bélgica. Un regreso al pasado. Al ciclismo de agonía desmedida. De calvario. Moradores del infierno naufragando en el otro infierno, el del norte. Temible cuando llueve. Una tortura de pavé y barro. Por eso lo de "infierno". Ayer no llovió en el sur de Francia. 23º a las 11.00 de la mañana en la capital gala. Temperatura estival. Stuart O’Grady se frotó las manos. Como en casa. Como en Adelaida. Calor. Polvo. Perfecto. «En la salida ya sabía que hoy -por ayer- sería mi día».
El ciclista del CSC danés sonreía más de seis horas después con su adoquín en brazos tras una exhibición camino de Roubaix. No estiraba tanto los labios desde 2004, su año mágico, cuando ganó dos etapas de la Dauphiné, una en el Tour y la Hew Cyclassics de Hamburgo. Luego, se metió a la cueva. Oscuridad. 2005 y 2006 se le pasaron en blanco.
Ayer salió de ella. Botando entre los adoquines del norte de Francia. Como un canguro. Rumbo a Bélgica. La casa de Boonen. El flamenco volvió a fallar ayer, como la semana pasada en el Tour de Flandes. «Con estas condiciones uno no ve mucho a través de las nubes de polvo que se forman, ningún agujero ni las piedras más peligrosas. Prefiero la lluvia, además hubiésemos ido más lento», dijo el ex campeón del mundo. Derrotado. Arrancó demasiado tarde, a 17 kilómetros del velódromo, cuando el australiano volaba ya hacia la victoria con una renta que superaba el minuto.
Flecha, segundo
O’Grady había arrancado a 25 kilómetros de meta y en su persecución salió un grupo de cinco "maestros" sobre el pavé que no pudieron darle caza. Flecha, Wesemann, Leukemans y el veterano Petito se jugaron al sprint un segundo puesto que se decantó de lado del catalán, que pisaba por segunda vez en tres años el podio de un "Infierno del Norte" que le niega.
El primer ciclista vasco en hacer su aparición en meta fue Iban Iriondo. El de Euskaltel-Euskadi entró el 62º, a más de doce minutos de O’Grady. Koldo Fernández de Larrea fue 81º, Horrillo 85º e Imanol Erviti 94º. |
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