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Cristiano Ronaldo celebra la victoria del Manchester sobre la Roma. Afp |
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Un gesto de fidelidad
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Cristiano Ronaldo decide seguir en el Manchester y dar calabazas a otros grandes clubes de Europa
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Pako Ruiz Bilbao
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Era el fruto deseado de los equipos grandes del mundo. El considerado actualmente mejor jugador del planeta ha dado calabazas a todos sus pretendientes, entre ellos el Real Madrid y el Barcelona. Cristiano Ronaldo (5-II-1985, Funchal) se queda en el Manchester United. Ha decidido ser fiel al club que le ha hecho crecer. Ha frenado las ansias de sus ‘‘novias’’. El contrato del portugués con los ‘‘diablos rojos’’ no expiraba hasta 2010, pero, en un gesto ilustrativo, ha prolongado su relación dos años más por los de Old Trafford.
Sir Alex Ferguson, su descubridor, puede dormir tranquilo. Ha cerrado el culebrón. Eso sí, el Manchester ha tenido que rascarse el bolsillo, una vez que Cristiano Ronaldo cobrará unos 8 millones de euros anuales. Pero el esfuerzo era obligado. El luso, ya toda una realidad, es sinónimo de garantía. Es puro lujo. Ferguson se lo olió cuando su Manchester se enfrentó, en verano de 2003, al Sporting de Lisboa en un amistoso con motivo de la inauguración del estadio José Alvalade para la Eurocopa que se disputaría en Portugal un año después. Aquel jovenzuelo de 18 años, osado en su juego y con grandes cualidades, dejó prendado al técnico escocés, que no dudó en instar a sus superiores a que echaran el resto para contratarlo. La apuesta se presumía arriesgada, pero el Manchester estaba obligado a dar un golpe de efecto tras la marcha ese mismo verano de David Beckham al Real Madrid. Ferguson consumó su deseo. Se hizo con Cristiano Ronaldo. 18 millones de euros fue su precio. Una cantidad enorme para un diamante aún por pulir. Un jugador que sólo había dado los primeros pasos en una Liga menor como la portuguesa. Pero el olfato de Ferguson está sumamente trabajado.
Cristiano Ronaldo no tardó en coger los galones. Se adueñó del 7 de Beckham. No le asustaba el reto. Se deja llevar por su ambición. El Manchester le abría las puertas al cielo futbolístico. Llegaba a un escaparate idóneo para dejarse ver. En su primer año ya dejó su sello, sobre todo cuando se convirtió en protagonista de la final de la copa inglesa de 2004, la FA Cup, en Cardiff, donde anotó el primero de los tres goles de su equipo. Era su primer título. La Premier League, una temporada después, fue su segunda corona.
Cristiano Ronaldo -nombrado mejor joven del año para la FIFAPro, un premio que elige el público, en 2005 y 2006- respondía a las expectativas. Futbolísticamente crecía a pasos agigantados. Su notable papel con la selección portuguesa en la Eurocopa de su país en 2004 le servía para reafirmarse. Sólo quedaba domar su fuerte carácter. Era la otra batalla de Ferguson. Que no se le escapara de las manos. El portugués, todo un sex symbol - no sólo para mujeres, ya que fue declarado el jugador más sexy del Mundial de Alemania por una página web de la comunidad gay-, empezaba a acusar la presión de la prensa. El peor momento lo vivió en octubre de 2005, cuando fue acusado de violación, si bien un mes más tarde fue declarado inocente.
Le tocaba el momento de volver a reivindicarse. En el césped. Su hábitat natural. Esta temporada lo ha hecho. Es el alma mater del Manchester. Lleva 20 goles. Y se exhibe partido tras partido. Un gesto de fidelidad. |
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