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Jorge Algora,cineasta madrileño afincado en Galicia. Efe |
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‘‘El niño de barro’’ es un filme clásico pero plantea una violencia muy actual», dice Jorge Algora
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Protagonizada por Maribel Verdú se estrena a mediados del próximo mes de mayo
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Juan Rodil Santiago de Compostela
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‘‘El niño de barro’’, el primer largometraje para salas comerciales del director madrileño afincado en Galicia Jorge Algora, que se estrena a mediados del próximo mes de mayo es, a juicio del propio realizador, «una película clásica pero que plantea una violencia muy actual». Protagonizada por Maribel Verdú, el gallego Chete Lera, Daniel Freire y el jovencísimo actor argentino de 11 años Juan Ciancio, ‘‘El niño de barro’’ es un thriller de época que aún emociona a su director.
Satisfecho con el resultado final, Algora afirmó que «es un peliculón». «Me sigo emocionando cada vez que la veo; su final te deja pegado a la butaca», enfatizó.
Localizada en el Buenos Aires de 1912, ‘‘El niño de barro’’ está inspirada en hechos reales centrados en la vida de un personaje siniestro: Cayetano Santos Rodino, ‘‘El Petiso Orejudo’’, un demente que con sólo diez años comenzó sus ataques a otros niños por puro placer.
«Una valentía»
Para el director de la película «ha sido una valentía» llevar a la pantalla la historia de este personaje infantil y violento, porque de alguna manera se demuestra, dijo, que «hace un siglo pasaban estas cosas y hoy día estos problemas no están solucionados».
«En el cine es tabú presentar la violencia en torno a los niños. Por un lado, me parece bien, es un tema que hay que tocar en unas condiciones muy especiales, pero por otro es necesario abordarlo», comentó. En el transcurso de la entrevista Jorge Algora recordó una frase que llegó a su blog personal y en la que el responsable de una asociación de defensa de los derechos infantiles le decía: «de los únicos menores que tenemos que protegernos es de los que no hemos protegido».
Según el director de cine, el sentido de esa frase «es lo que respira la película, porque cuando te levantas de la butaca sales aplastado, con sed de justicia, y dices que hay que hacer algo para solucionar el problema».
Algora reconoció que «las relaciones en la película funcionaron» y que «todo ha cuajado muy bien» desde que surgió la idea y también en el rodaje, localizado durante varias semanas en Buenos Aires y en San Antonio de Areco, una ciudad a 110 kilómetros de la capital argentina «parada en el tiempo» y muy apropiada para recrear el ambiente de comienzos del siglo XX, ya que este era uno de los «grandes retos» de la película. En el aspecto interpretativo, Jorge Algora comentó que está muy satisfecho con el resultado final. |
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