Los mejores frutos de la Creación aún son gratuitos. El sexo y el mar no entienden de clases sociales, y uno puede darse un chapuzón en el agua y un revolcón en la arena sin más fortuna que el azar. Existe el riesgo de que las cámaras cotillas de Pillados, que husmean insomnes por las dunas, te graben en faena e inmortalicen tus nalgas bailonas, pero lo normal es que el trajín nudista quede en asunto privado. Luego la vida nos va enseñando que para acceder a determinadas calas y camas hay que aflojar el bolsillo, pues todo oculta, como los discos de vinilo, su cara ‘‘B’’, la zona de las rarezas.
Cualquier cosa va teniendo ya su precio y su desprecio. Si un conductor quiere echar gasolina se le obliga a manejar la manguera. Deberá elegir los botones precisos, calzarse un guante de plástico y obrar con arte de jardinero. También estará muy atento al ano lateral del vehículo, no vaya a excederse en el llenado y provocar la eyaculación externa del surtidor. Luego sudará para que el guante transparente y volátil, a veces simple manopla, entre en una papelera remisa, y de ordinario arrastrará durante varias horas un recio tufo a Golfo Pérsico. Y es que la célebre ley del membrillo -la última gota al calzoncillo- se aplica en las gasolineras al dedillo. De modo que será difícil eliminar el rastro de combustible, y parecerá que ha estado limpiando las chimeneas de Petronor. En algunos locales de comida rápida resulta lógico ser tan rápidos: salvo freír patatas, casi todo lo hace el visitante, desde coger la botella de la máquina hasta vaciar la bandeja en otra papelera de boca casi cerrada.
Este tipo de avances con letra pequeña es coche de boda con ristra de latas, es decir, también tiene su cara ‘‘B’’: a menor servicio de la empresa, mayor coste para el usuario. Y la BBK, que está a la que salta, no quiere perder el tren. ‘‘En beneficio del cliente’’ -no esperábamos menos-, ha decidido cobrarnos 0,30 céntimos de euro, cincuenta pelas del ala, por cada papel informativo que envíe. Es hermosa su intención de ahorrar papel y salvar el Amazonas, pero aquí uno desconfía. La alternativa del banco, perdón, la caja, es la comunicación por correo electrónico, lo cual protegerá el medio ambiente y, ya puestos, engordará el botín de la compañía telefónica. Luis Buñuel tuvo un sueño precursor. Moría, los herederos abrían trémulos su testamento y se llevaban un espantoso disgusto: ‘‘Lego mis ahorros a Nelson Rockefeller’’. La genial broma del cineasta deviene ya pesadilla y, a este paso, rampante realidad. |